El bandolero que murió en Segade

CRISTINA BARRAL Corresponsal CALDAS DE REIS.

PONTEVEDRA

La historia de la antigua central hidráulica de Caldas, primera de Galicia, está repleta de anécdotas La cuna de la electricidad gallega se puede establecer con la puesta en marcha de la primera central de Segade, en el río Umia, allá por el año 1874. Se debió a la iniciativa privada de aquel prócer de Caldas, Laureano Salgado, que cuenta con un homenaje en el casco urbano. La historia de la antigua central, que primero fue térmica y luego hidráulica, está repleta de anécdotas, entre ellas, la de un asaltador de caminos.

18 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La central de Segade funcionó a pleno rendimiento como minicentral hidráulica hasta 1952, fecha en que fue clausurada. Según se explica en el libro Los embalses de Fenosa y la geografía de Galicia (1988), en su larga vida sufrió diversas reformas, «llegando a alcanzar 750 kilovatios de potencia instalada, iluminando a un amplio sector de la provincia por tierras del Ulla y del Umia». Otro hito importante en la existencia de esta fábrica lo constituyó su integración en la recién creada Sociedad General Gallega de Electricidad, en 1900. Esta primera gran empresa dedicada a la producción de electricidad tenía por objeto, según sus estatutos, «la explotación del salto de agua y central eléctrica de Segade (Caldas), en el río Umia, y del salto de la fervenza en el río Belelle, cerca de Ferrol». Un trágico final Entre las anécdotas relacionadas con la central de Segade, una de las más curiosas es la que relata Ramón García Fontenla en su obra Cien años de luz eléctrica en Galicia (1990). Una tarde agosto de 1885, en plena sequía, que apenas dejaba discurrir por el cauce del Umia unos hilos de agua entre la crecida maleza fluvial, un asaltador de caminos se presentó ante el encargado de la central. García Fontenla apunta que según decían el bandolero era sobrino de un cura que regentaba una rica rectoral por tierras de Silleda. El asaltador había iniciado sus actividades con un robo sacrílego en la parroquial de su propio tío. El empleado eléctrico, al verlo, exclamó: «Ti eres Chinto, O Cura». El atracador, levantando una fouciña, le respondió: «Eu son, e vouche matar». Pero nadie sabe cómo, rompió la compuerta del azud y la subida del nivel de las aguas arrastró a O Cura. Cuando su cadáver apareció entre un juncal de Caldas, hubo fiesta en todas las aldeas, desde A Estrada a Catoira. Laureano Salgado La historia de los primeros kilovatios gallegos está ligada a la figura de Laureano Salgado, que falleció el 5 de mayo de 1930 cuando estaba a punto de cumplir 83 años. Hoy este ilustre caldense está muy presente en el casco urbano, con una calle que lleva su nombre y una escultura dedicada en la entrada del Parque-jardín. Xoán M. Domato Catro en Caldas de Reis a través do tempo traza una semblanza de aquel hombre pionero, «bajito calvo y sin sombrero», muy preocupado por la elevación cultural del hombre del campo.