La diócesis de Ourense envía a más de 150 misioneros a otros países

Cada verano el Obispado organiza un encuentro para los religiosos que regresan a casa por vacaciones


ourense / la voz

Ribadavia fue el punto de confluencia de la trigésimo novena edición del encuentro de misioneros que pertenecen a la diócesis ourensana. Seis de los voluntarios que trabajan en proyectos del Obispado en el extranjero se reunieron con algunos de los que colaboran solidariamente en la provincia para intercambiar sus experiencias y comentar las distintas realidades de las que han sido partícipes.

Entre 150 y 160 ourensanos se han trasladado a destinos de América Latina, mayoritariamente, pero también a países como Estados Unidos, Japón, Camerún o Senegal según las estimaciones de la Delegación de Misiones. En concreto ayer estuvieron presentes durante las actividades organizadas Antonia Fernández, que viene desde Gambia; Purita Lorenzo, de Bolivia; Isaura Gallego, de Argentina; Marisa González, de Colombia; y María Esther y María Jesús, llegadas desde Venezuela.

En total unas cincuenta personas celebraron la eucaristía, presidida por el obispo, Leonardo Lemos Montanet, en el santuario de la Virgen del Portal. Después realizaron una ruta turística en la que visitaron la iglesia de los Franciscanos y realizaron una parada para comer en el balneario de Arnoia. Ya por la tarde, los misioneros explicaron sus proyectos y los programas de evangelización que ponen en práctica en sus destinos.

«Ós dous días de casarnos viaxamos ata o Amazonas cun misioneiro da provincia»

El Amazonas fue el destino que Gabriel da Silva y Ledicia Santos escogieron para su luna de miel el año pasado. Pero, además del significado que el viaje tiene en sí mismo, quisieron darle un valor añadido humanamente hablando. «Levabamos tempo querendo experimentar unha misión deste tipo ou de cooperación internacional», explica él. Y aprovecharon que conocían a un misionero de la diócesis ourensana, Adolfo Zon, para unirse a él y aportar su granito de arena. «Ós dous días de casarnos viaxamos con el. Estivemos en Brasil, Colombia e Perú pero no medio da selva, traballando con tribus indíxenas e persoas que tentan fomentar a autonomía alimentaria. Estivemos nun colexio, por exemplo, ensinándolles aos nenos como facer un horto», añade Gabriel.

La trata de personas fue otra de las problemáticas en las que colaboraron con los habitantes de los países y con los misioneros. «É un dos principais problemas da zona, que a súa vez vai asociado ó das drogas. Empregan ás nenas para prostituílas e que fagan tarefas nos fogares. Esa foi, quizás, a experiencia máis dura que vivimos», recuerda. Ellos ya participan en actividades de voluntariado en Ourense desde hace tiempo, pero coinciden en señalar que la experiencia vivida en el Amazonas fue como un oasis. Y aunque no pusieron en marcha ningún programa propio, participar en los que allí se llevan a cabo les ha cambiado la vida. También colaboraron impartiendo catequesis acompañando a unos frailes que dependen de la gasolina para las barcas en las que se desplazan hasta las comunidades, dispersas a ambos lados del río. «Se voltamos a unha experiencia similar supoño que sería máis longa, pero seguiremos colaborando con Acción Católica», finaliza.

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