Agosto toca a su fin. Muchos piensan ya en su vuelta a la rutina. Los niños incluso muestran ganas de volver al cole. Y más en estos días tristes que nos trae agosto. Porque los días tristes hacen personas tristes. Vuelve la rutina. El otoño. El largo invierno. Qué digo largo, en Valdeorras parece eterno, que se nos instala en octubre y no nos deja hasta abril (y eso con suerte). Pero todavía falta para eso. Todavía es agosto. Hay que exprimirlo, para llenarlo de recuerdos buenos que nos sirvan para pasar los meses de poca luz y de mucho frío. Porque el cuento de la cigarra y la hormiga bien podría aplicarse a la vida, en general (aunque claro, entonces el cuento tendría que cambiar porque la cigarra tendría siempre la razón y no habría moraleja; bueno, que me lío). Y además dicen que el tiempo mejora. Con los rayos de sol recuperamos las ganas. Vuelven las piscinas abiertas, la gente al sol, las risas en la calle, las largas cenas hasta la madrugada hablando con amigos en una terraza... Es lo que queda de agosto. No vamos a adelantar el invierno. Vivamos el verano. Que todavía queda mucha fiesta que disfrutar. La Istoria de Ribadavia, la ruta de bodegas de Petín, la kalimochada de Éntoma, la Festa da Vendima de Leiro... Y una larga retahíla que demuestra que todavía no se ha acabado el mes más festivo del año. Disfrutémoslo. A veces, frente a lo que predica la hormiga, hay que ser cigarra. Y disfrutar. Que la vida son dos días, y a agosto le quedan siete. Es mejor arrepentirse de vivir que lamentar no haberlo hecho.