Julio Mourelo: «Elixín a banca e non a pizarra porque era máis segura. Hoxe non sei»
O BARCO DE VALDEORRAS
Durante más de una década fue la cara visible de Cáritas en Valdeorras
14 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Julio Mourelo adora O Barco. Aunque él nació en Tarifa porque allí estaba su padre destinado como carabinero, tenía apenas unos meses de vida cuando la familia regresó a Valdeorras. Solo volvió a «irse» para hacer el servicio militar como voluntario en la unidad de sanidad en A Coruña. Sus mandos le animaron a hacer carrera militar, pero descartó esa opción porque suponía estar lejos de casa.
O Barco, dice, se lo ha dado todo. Aquí conoció a la que hoy es su mujer, una zamorana a la que le presentaron cuando vino a ver a su tío, el fallecido párroco Bienvenido Miguélez (tan querido por la población que hasta da nombre a un paseo). Y en la localidad desarrolló Julio su carrera laboral. «O máis lonxe que fun traballar foi á Rúa e a Sobradelo», relata. En O Barco nacieron sus hijos y sus nietos.
Como muchos valdeorreses, Julio comenzó su vida laboral en la pizarra. «Naqueles momentos empezaba a coller forza o sector», recuerda. Sus estudios en Peritaje Industrial (una titulación a medio camino entre lo que hoy son Empresariales y Económicas) le abrieron las puertas a la entonces Caja de Ahorros Provincial de Ourense. «Entrei no departamento de contas correntes, nunha época na que todo se facía a man», relata. En la década de los 70 compatibilizó el trabajo en banca con llevar las cuentas a una pizarrera. El sector estaba despegando con fuerza en los mercados internacionales y se puso en marcha un plan de regularización por parte de Hacienda que obligó a un cambio importante en la gestión económica de las empresas. «Traballaba polas tardes porque mo pedira o socio maioritario. Cando faleceu díxenlles que era mellor que colleran a unha persoa a tempo completo. Eu non podía dar o 100 % porque non quería deixar o banco. Escollín a banca fronte á pizarra porque daquela era un sector máis seguro. Hoxe en día non sei se o será», duda.
Dice que lo mejor de su trabajo era el público. «De pequeno axudaba ao meu pai na churrería e de aí veu que me guste tratar coas xente. Os clientes valoran que te intereses por como están e pola súa vida. Esa era a verdadeira vinculación con eles, a maneira de fidelizalos», cuenta. Trabajó 37 años en el sector de la banca. En el 2000, con las fusiones de las antiguas cajas, le ofrecieron prejubilarse y aceptó.
Julio siempre ha sido una persona muy inquieta con un gran interés por la cultura y firme defensor del asociacionismo. Fue uno de los impulsores de la rondalla Airiños do Barco en los años 60. Y estudió fotografía extasiado por la magia que veía en el estudio que Isabel Crespo, una de las pioneras en el fotoperiodismo, tenía en la praza Maior. «O que máis me gusta é o retrato», confiesa, aunque disfruta inmortalizando paisajes, así como el ambiente urbano y la vida en los pueblos. También formó parte de la directiva de la cofradía del Nazareno, impulsó el coro parroquial de Viloira, fue presidente de la sección de fotografía del Instituto de Estudios Valdeorreses, coralista del Orfeón Valdeorrés y se involucró en el Casino.
Ya jubilado, en el 2009 le ofrecieron ponerse al frente de Cáritas en Valdeorras. «Custoulles pouco convencerme. Sabía o que había que facer: saír á rúa e falar coa xente, porque moita xente que non ía á igrexa quería colaborar con Cáritas», explica. La respuesta fue la esperada, dice agradecido. Los barquenses siempre le mostraron su lado más solidario. Dedicó muchas horas de trabajo altruista a una entidad que es un pilar fundamental en la atención a los más desfavorecidos en la localidad. «Ata traballaba de noite para desenvolver aplicacións informáticas que nos permitiran ter os datos reais actualizados», relata. Dejó el cargo en el 2023 por desavenencias con el actual párroco. «Dimitín porque non estaba cómodo», resume sin entrar en más detalles. Ese mismo año fue el pregonero de las Festas do Cristo. «Foi unha honra que me considerasen unha persoa tan relevante», dice.
Toca la guitarra en el coro del colegio en el que da clase su hija y estudian sus dos nietos
Julio Mourelo tiene un vicio confesable: dormir hasta tarde. «Tiven que madrugar durante moito tempo, así que agora non o fago», dice. Eso sí, una vez despierto lleva una vida de lo más activa. «Gústame moito furgar na finca e tamén a informática. Ademais, no verán imos uns días á praia e despois pasamos agosto no pobo da miña muller en Zamora», relata sobre su esposa. Llevan juntos toda una vida. Cuenta que se la presentaron un día que estaba de visita en O Barco y no volvieron a encontrarse hasta uno o dos años más tarde. Nada más verla se acercó a ella y la sacó a bailar. Nunca más se separaron. «Foi amor a primeira vista», cuenta. Y añade riendo: «O Cristo fixo moitos miragres». Se casaron en 1969. Un año después nació su hija Marta y cinco más tarde llegó Julio. Tienen dos nietos, Pablo y Marcos, que estudian en el Divina Pastora, el mismo colegio en el que da clase su hija. Juntos forman parte del coro escolar, Julio con la guitarra.
DNI
Quién es. Julio Mourelo Folgueral nació en Tarifa en 1944. Con apenas once meses su familia regresó a O Barco de Valdeorras.
A qué se dedica. Durante casi 40 años trabajó en banca, así como en el sector de la pizarra.
Su rincón. El Porto da Barca. «É un lugar evocativo porque alí estaba a casa dos meus avós, alí montou o meu pai a súa primeira churrería e alí miña nai puxo un posto de venda de pescado. Era tamén a zona de xogos e o lugar onde se facían as matanzas familiares».