COMO TODOS los años por estas fechas, SIMO nos acerca los últimos avances de la electrónica aplicada. Lo más destacable, según los expertos, es el progreso de las tecnologías wi-fi, gracias a las cuales ya no tienes que enchufar nada para conectarte a Internet: la red se capta en el aire. Pero a los legos nos impactan más las novedades caseras, eso que se llama la domótica. Ya hay una nevera con conexión a la web que podrá comunicar con el supermercado y pedir que le repongan lo que le falta en la barriga. Y una lavadora que te envía un mensaje al móvil en cuanto acaba la colada. Y coches que avisan si detectan que el conductor va adormilado. Sólo falta un guante articulado a la altura del reposacabezas para que te dé un capón mientras la voz electrónica canta: «¡Espabila, amo, que te vas a la cuneta!». El contraste funciona y frente a máquinas tan listas, los usuarios parecemos más tontos. Lo avanzaba hace años el lúcido Pepe Ferreiro, el escritor y periodista de Nogueira de Ramuín: «Unha casa intelixente para enchela de parvos». Con tanto suplemento electrónico, la humanidad civilizada parece flojear en recursos mentales; sólo así se explican las carencias intelectuales y morales de algunos líderes del mundo. Pero la domótica nos salvará: cuando en el futuro el votante vea que los candidatos a la presidencia son tan idiotas como él, siempre puede actuar con responsabilidad y dejar que la decisión la tome su lavadora.