Perspectiva

MELÓN

S

on días complicados estos primeros de agosto. Fáciles para la pérdida de la perspectiva. En los escaparates, por ejemplo, los carteles son cada vez más grandes y los números son más gordos. Últimos días, oigan, pasen, vean y compren, que esto se acaba. Las rebajas, digo. Me lo quitan de las manos, oigan: rapidito, rapidito, que no hay más y se van a quedar con las ganas. Algo así. Hasta aquí, más o menos correcto, aceptado ya el adelanto de las fechas y el aparente afán de liquidar cuanto antes, algo que cada año resulta más evidente. Metidos en plena canícula, sin embargo, llama la atención ver cómo asoma la ropa de invierno en algunos escaparates. Tiene su punto, pero, francamente, debería estar prohibido en un momento en el que el termómetro marca 38 grados, los helados se derriten tan pronto llegan a la calle y hay que echar mano del hielo más elaborado para no destrozar los gintónic. Pero, claro, quién le dice algo a los dueños de grandes marcas, grandes tiendas, o lo que sean, cuando una persona como el ex alcalde de Melón, el muy popular Alberto Pardellas, inhabilitado por un asuntillo de prevaricación, se ríe de janeiro y a lo tonto también de la justicia, elude el sentido de la condena y mantiene su capacidad de decisión. No es alcalde, pero como si lo fuera. Todos saben que es quien manda. En invierno y en verano, con algodón o franela, los suyos (o sea, el PP, sus cargos y su dirigentes) le siguen riendo las gracias y aplaudiendo sus cosas, aunque algunos gestos chirríen como escaparates.