La vivacidad de Remedios Cabanelas en Puxedo a los 101 años: «Era moi malandra»
LOBIOS
No toma medicación, canta y baila y cultiva la vida social con los vecinos en su aldea del concello de Lobios
04 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Siempre vivió de la tierra y, a sus 101 años —cumplidos el 2 de marzo— Remedios Cabanelas (Prencibe, 1925) sigue sorprendiendo a sus vecinos de Puxedo (Lobios) por cómo cava su huerta, aunque ella dice que ya no le dejan hacerlo. «O que está plantado aí, planteino eu con estas mans. Agora teño un canciño que se agarra a min», afirma. Sentada en un banco al sol de la tarde, disfruta conversando con sus conocidos y con los desconocidos de los medios de comunicación que llegan a entrevistarla: «Tíranme fotos e fotos. Xa levo anos nisto. Eu non cobro, pero tiñan que me facer un regaliño».
Su bondad y su buen humor se reflejan en sus ojos y en su sonrisa. Está acostumbrada a los periodistas y bromea sobre su popularidad. Remedios se convirtió, desde el 2017, en una suerte de icono de Puxedo y de la mujer agricultora al retratarla Mon Devane en un mural que tapó una antigua y fea pared de bloques en la plaza del pueblo. Recuerda las veces que fue a Luar de la Televisión de Galicia y cómo bailó con Gayoso. Se arranca a cantar y lo haría a bailar, aunque ahora familiares y vecinos que la cuidan evitan que lo haga para protegerla de posibles caídas.
Este 101 aniversario quiso celebrarlo Remedios en familia, no en el restaurante. Hubo bombas de palenque en su honor en Puxedo. «Non queren que morra e cóidanme moito», sonríe.
No toma ninguna pastilla, solo alguna para la boca cuando le duele, precisa. «Estou como unha de vinte», ríe. Camina bien, ayudada por un bastón, y se deja llevar hasta la plaza para posar ante su retrato. Se deja peinar, coqueta, una pequeña trenza. «Antes tiña un pelo! Cando era nova parecía a rameira dun cabalo, pero cos anos vaise. Os dentiños tíñaos bos», describe. «Era moi malandra», se autodefine. En el entroido se pintaba un bigote con betún de los zapatos y se vestía de hombre.
«Sempre traballei na terra, metía millo no canastro, criaba becerros e vacas, un porquiño, un añiño... todo para pagar a miña vellez. Pasamos fame no tempo da guerra e dicían que morría, pero non morrín», recuerda.