Overtaz o la fascinación del hallazgo en los jardines del campus
02 may 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Overtaz constituye una simbiosis plástica y un proyecto específico de Santi Barreiros y Nito Contreras con el paisaje. Comunión artística que desarrolló una sinergia expositiva entre ambos creadores y amigos que encontraron a través de la integración de sus lenguajes expresivos una revolucionaria forma plástico-conceptual de intervención en el espacio, el verismo poético del fotógrafo Santi Barreiros y el minimalismo humanizado de Nito Contreras, llevando, por primera vez a la praxis este novedoso concepto artístico para la Galería de Arte Visol en 2012. Con Naturalmente los artistas recreaban en sala un paisaje natural en diálogo con las fotoesculturas suspendidas de la pared. Ese fue el paso previo a la conquista del exterior, centrando, desde su exposición en 2014 en la Fundación Risco de Allariz, su investigación en la exploración del espacio al aire libre con la incorporación de las fotoesculturas en la naturaleza con una revisión de vanguardias como el Land-Art, Arte Ambiental o Eco-Art y en contraposición a la intervención con las que estas manifestaciones alteran el contexto del paisaje con variadas transformaciones sobre el territorio. Frente a estas tendencias artísticas proponen la no alteración de los espacios naturales sino la convivencia e integración de las obras artísticas en el crecimiento natural de los ritmos vegetales, generando una obra de arte total en la que el paisaje absorbe la obra, integrada, tan intensamente, que parece pertenecer al medio. Su visión convergente del arte se repitió en el extraordinario proyecto de exterior De lo efímero a lo eterno de As Casas do Retratista en la aldea de Vileimil, Lugo.
Overtaz, abiertamente en Euskera y vocablo inglés, significa zona autónoma temporal. Recoge la idea de temporalidad de la muestra situada en un territorio autónomo que integra 15 fotoesculturas, nueve ideadas como proyecto específico para los jardines del campus ourensano. El minimalismo humanizado de calado existencial que habita en el sentido de lo abstracto y antropológico en la obra de Nito Contreras, constituye un vaciado del lenguaje en estructura, síntesis, alfabeto, ciencia. Esta reflexión con el hueco como elemento de un espacio negativo se observa en dos grandes discos enfrentados conceptualmente, irreconciliables, que simbolizan ciencia y religión; una religión horadada en el centro, vaciada por la traición de los fanatismos que Santi Barreiros ilustra con la extraordinaria fotografía del Rosetón sur de la Abadía de Westminster y Nito hace girar en la geometría del círculo como el devenir; la filosofía se convierte, como ciencia, en alfabeto.
Nito Contreras —desgraciadamente fallecido el día después de la inauguración de la muestra— y Barreiros proponen una serie de paisajes escultofotográficos in situ desde perspectivas aéreas, flotantes, como la jeringuilla que en el lago de los patos emerge como absorbiendo el agua, desecando los océanos, símbolo de la avaricia depredadora del hombre en la aniquilación de la cadena trófica; suspendidas como los monos que se esconden entre las ramas de los árboles, tendidas como la fosa común en la que descansan los peces muertos o emergentes como columnas desde el suelo, estilizados menhires contemporáneos que enfrentan al ser humano y al maniquí con su silueta, una revisión escultórica sobre la filosofía ortogonal de la geometría neoplasticista y la verticalidad humana que se materializan en series narrativas que componen un tejido conceptual inusual y fascinante, creando encuentros con patrones de pensamiento o de discusión. En una urna, el cráneo de Lucy corrobora la teoría evolucionista. Surgen tensiones en las fórmulas abstractas que se amplían con la imagen del carismático fotógrafo sobre la superficie escultórica. El verismo formal de una morfología contemporánea, una figuración no imitativa sino emocional y dialéctica, síntesis conceptual de la idea, esqueleto léxico del pensamiento y racionalización del espacio entre lo orgánico y lo geométrico. Sorprende su redefinición del bulto redondo a través de una escultura sin peana, a escala humana como la obra Observatorio, forma de equilibrio cartesiana como un catalejo, una rehumanización del concepto alienante y exclusivo de estatua. El hueco como afirmación existencial del vacío, la alienación y la soledad del individuo en los grandes y masificados vertederos de ilusiones urbanos. Como en La ventana indiscreta de Hitchcock, Barreiros nos sitúa en la esquiva parafilia del voyeur asomando las vidas expuestas a las ventanas de Nueva York.