Hipermercado

ARTURO R. VISPO

A ARNOIA

AIRES DO ARNOIA | O |

15 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

ES la compra de las Fiestas Navideñas, a celebrar cada año en el chalé de la nena. O la compra de una semana cualquiera. Y como siempre me toca pasear en coche a mis dos nietos, a mi santa, a la nena..., y menos mal que no viene el fantasma de mi yerno -gran reserva, cinco jotas, cada vez que paga el abuelo, o sea yo-, y más menos mal que la bruja, digo mi consuegra, que tampoco, que la gripe la tiene al borde del infierno, la mala baba del papá de la nena. Carro para la compra y carrito de carreras para dos niños de ensueño, ¡criaturas! El más pillo me libra del placaje que con dientes y muelas me hace en la pierna, el revoltoso que se carga un expositor de jamones y una torre de conservas, ¡traviesos! CDs, DVDs, juegos electrónicos, MP3, teléfonos móviles que llenan el carro, que no sé si en vez de pavo al horno, por Nochebuena tomaremos electrónica a la vinagreta. Y la nena que quiere un abeto, figuras de nacimiento, guirnaldas, campanas, y el más pequeño de los bárbaros que se come un San José a pelo, qué ilusión le hacen al nene los adornos navideños. Mi santa me riñe, pues siempre me cargan el muerto por no vigilar a los niños, malas bestias, mientras ellas, adorables, ni siquiera un rubor por las gracias que perpetran. Y por fin, la jalanda para Nochebuena, embutido ibérico y queso asturiano -pues el más simpático le hincó colmillos y manos-, marisco gallego, capón de Villalba, frutas de invierno, turrón de Jijona, godellos, riojas y cavas... Mi nena, ¡qué espléndida! Cajeras de Papá Noel. Los niños que muerden los cables. TPVs que no fallan. Doce pisotones. Colas en las cajas. ¡Papi, se me esqueció la tarjeta! Pues, como todos los años por estas mismas fechas. Y en casa a revisar la cuenta: lata de caviar que facturada no aparece, percebe marroquí al precio de Roncudo, tres yogures caducados, mazapanes ticados cinco veces. Es el gran hipermercado.