David Martínez: «Los jóvenes quieren ser autónomos porque no quieren tener jefes»

Fina Ulloa / fina.ulloa@lavoz.es

OURENSE

David Martínez dirige un colectivo que aglutina a cerca de 10.000 firmas ourensanas
David Martínez dirige un colectivo que aglutina a cerca de 10.000 firmas ourensanas SANTI M. AMIL

El presidente de la Confederación Empresarial de Ourense (CEO) reivindica mejores comunicaciones para la provincia y un plan de desarrollo de largo recorrido para fijar las prioridades

22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

David Martínez (Ourense, 1969) es el presidente de la Confederación Empresarial de Ourense (CEO) desde el pasado 30 de enero. No es su primer cargo de representación. Durante casi una década fue responsable de AEPA, la asociación de profesionales y autónomos de la provincia. Criado entre los fogones del emblemático restaurante Sanmiguel, se marchó de la ciudad de As Burgas con 16 años para estudiar y volvió un cuarto de siglo después. Casi todo ese tiempo lo pasó en Madrid, donde se forjó profesionalmente como auditor en varias multinacionales, pero también estuvo un año en China. Fue justo antes de regresar.

—¿No le gustó el gigante asiático?

—Al revés. Siempre me ha gustado. Me apasiona su tradición económico-empresarial. Vivir allí me hizo ver que a veces evaluamos culturas milenarias por sus peores 100 años. China fue una lección de humildad y perspectiva , pero enfermé y supe lo que es gestionar la soledad y la enfermedad lejos de casa. Pero además me volví porque me di cuenta de que podía hacer lo mismo aquí y que, al final, no es una cuestión de dónde estas sino de cómo planteas tu proyecto.

—Me reconocerá que el suyo es un movimiento contracorriente del habitual escapismo de los jóvenes en la provincia.

—Es cierto que en Galicia, en general, necesitamos rejuvenecernos. No puede ser que yo, a mis 56 años, llegue a distintas instituciones y sea de los «jovencitos». Y tampoco puede ser que estemos formando gente de un nivel increíble en nuestra universidad y se nos vaya.

—Hay quien dice que a las nuevas generaciones le falta espíritu emprendedor.

—No hace mucho leí un estudio que decía que el 37 % de los universitarios querían emprender su propio negocio, pero la realidad es que muchos jóvenes quieren ser autónomos porque no quieren jefes. No saben que el cliente es el jefe más exigente. Yo soy autónomo y no tengo a uno que me manda por encima, tengo cientos, porque mis jefes son todos mis clientes y cada uno me pide resultados cada mañana. Lo que tenemos que hacer es crear estructuras que retengan y atraigan a esa gente joven.

—¿Dónde hay que poner el foco?

—En varias cuestiones. Necesitamos formarnos para esa transición del relevo generacional. Cuando hablo con gente más joven y le pregunto por qué no asume el negocio de su padre, me dicen: ‘‘Mira, David, es que mi padre tiene sus políticas y vamos a estar siempre peleando’’. Y también tenemos que marcarnos como objetivo que el tejido empresarial crezca y vaya a otra velocidad.

—¿Y eso cómo se hace?

—Lo primero es contactar con el resto del territorio y poner la provincia donde se merece. Hay que aunar fuerzas, no podemos tener 92 ayuntamientos, cada uno con su miniproyecto, y que los de un pueblo no sepan cuál es el de al lado. Tenemos que cuantificar qué es lo primero. Si lo más importante es hacer la A-76 o la A-56 y, dependiendo de los intereses económicos, habrá que pelearlo. No podemos pretender hacer todo de golpe, pero sí tiene que haber un plan conjunto e ir paso a paso. La realidad es que nos faltan comunicaciones, incluso con el resto de Galicia. Tenemos la mejor pizarra del mundo, somos una potencia en ese sector, y la exportamos por el puerto de Bilbao porque aquí no hay una logística competitiva. Hay una discriminación flagrante.

—¿Cree que el AVE ha mejorado las posibilidades de crecimiento?

—El AVE es una herramienta, no un fin. Yo no voy a ningún sitio solo porque haya una estación de AVE, o porque esta sea así o de otra manera; voy si hay hoteles y servicios. León supo hacerlo: atrajeron turismo gótico, religioso y hasta de despedidas, me da igual, porque el caso es que el dinero entra. Aquí nos falta esa visión de conjunto. Lo importante del AVE es que llegue a Galicia en condiciones, con sus dos horas y cuarto desde Madrid, y que pare donde tiene que parar.

—¿Eso incluye, a su entender, la estación de A Gudiña?

—A Gudiña es un punto de inflexión muy importante para conectarnos con Portugal. Es absurdo que perdamos esa conexión con el país vecino por varias razones. Galicia y Extremadura son las dos puertas más importantes de esa frontera y hay que aprovecharlo. Cuando hablamos de abrirse internacionalmente, para mí es absurdo obsesionarse con vender a China y no hacer negocios con Portugal, que sigue siendo una potencia en sectores como el textil, por ejemplo.

—¿Qué cree que le falta al tejido empresarial ourensano?

—Nos falta unión. No es concebible que las grandes compañías mundiales se sienten en una mesa para resolver problemas comunes y que aquí, un pequeño comercio a veces no se hable con el de enfrente. Y también nos falta mentalidad de empresa.

—¿Por qué?

—Para avanzar tenemos que creérnoslo y dejar de decir: «Es que soy pequeñito». Seas autónomo o una gran multinacional, si no te gestionas como una empresa no llegarás a ningún lado. Como auditor he tratado con negocios de todos los tamaños y lo que puedo decir es que muchos cierran no porque falte dinero, sino porque no saben gestionar sus números. Falta cultura financiera.

«Soy de los que cree que en la vida no hay problemas, sino asuntos que resolver»

David Martínez podría haber sido la tercera generación de una saga de hosteleros. Su abuelo primero y luego su padre, estuvieron al frente del restaurante Sanmiguel. Pero él no siguió sus pasos. Optó por hacer Ciencias Económicas Empresariales y especializarse como auditor.

—¿Cómo lo decidió?

—Recuerdo que desde muy pequeño ya montaba mis propios negocios, la mayoría desastrosos, vendiendo chuches o cualquier cosa en la calle. Siempre tuve esa inquietud. Incluso veía un sitio y me daba por pensar: «Aquí quedaría bien un quiosco». Y la hostelería también me gustaba, pero desde otra perspectiva. Más allá de la actividad en sí, lo que me fascinaba era la gente y las relaciones que se tejían en torno a la comida. El mundo de la empresa me seducía, pero más por analizarla y entender cómo funcionaba desde dentro.

—¿Cómo ve la relación entre empresa y política?

—Creo que estamos cometiendo un error brutal. Mientras el mundo economiza la política, nosotros estamos politizando la economía. Se toman decisiones políticas dentro del área económica que no tienen sentido financiero. Necesitamos gestores, no solo políticos. Los grandes proyectos de esta provincia no pueden depender del color del ayuntamiento de turno.

—¿Se considera una persona inquieta?

— Mi cabeza siempre va buscando cosas. Soy de los que cree que en la vida no hay problemas sino asuntos que resolver. Yo siento que tengo que tirar, porque creo que, a veces, si esperas por la gente no haces nada. O quieres hacer o no quieres hacer. El mundo se divide entre los que dicen y los que hacen y yo intento decir lo menos posible y hacer lo máximo que pueda.

—Usted ha formado parte de directivas de varios colectivos sectoriales. Sinceramente, ¿compensa el tiempo que se les dedica?

—A mí me importa Ourense, no me importan las medallas, porque para ponerme medallas, me voy a la capital, que las conozco y más grandes. Yo prefiero marcharme de mi vida pensando que puse un granito de arena para que algo pasase. Si lo piensas, al cabo de 50 años no se acuerda nadie de ti. Si hoy preguntas quién ganó tal o cuál Óscar hace cinco años, casi nadie es capaz de contestar.

En plano corto

1¿Qué le quita el sueño?

Nada. La verdad es que tengo la suerte de dormir fenomenal, incluso en momentos de estrés. Eso sí, con 5 o 6 horas me basta.

 2Alguien a quien admire?

A mi madre. Creo que que que solamente nos acordamos de ellas cuando faltan y yo estoy en un proceso de que quiero mirarla y valorarla en vida.

 3¿Qué o quién le hace reir?

La gente positiva, la que transmite energía y no se queda solo en la queja.

 4¿Un viaje soñado?

Nueva York. Pero no una visita relámpago, sino un mes entero para vivir de verdad la ciudad.