Alfredo Novel, actor: «Hay que tener la cabeza muy amueblada para sostener la inestabilidad de este oficio»

OURENSE

Alfredo Noval, en «Los dos hidalgos de Verona»
Alfredo Noval, en «Los dos hidalgos de Verona»

El intérprete es Proteo en «Los dos hidalgos de Verona», que llega este viernes al Teatro Principal de Ourense

12 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El Teatro Principal de Ourense se viste de gala este viernes para recibir a la Compañía Nacional de Teatro Clásico con la obra «Los dos hidalgos de Verona», de William Shakespeare, bajo la dirección de Declan Donnellan. Alfredo Novel (Medina de Campo, 1987) interpreta a Proteo, uno de sus protagonistas.

—No para de trabajar.

—Esta misma semana comenzamos con un montaje alrededor de la figura de Alberto García-Alix, el fotógrafo de la movida madrileña. Es un híbrido de danza y teatro; nos estamos metiendo en el proceso creativo y a ver por dónde sale.

—Y mientras tanto, sigue en ruta con los clásicos, ¿no?

—Sigo girando con «Los dos hidalgos de Verona» y muy contento. También tengo algún proyectillo para finales de mes en una serie y en el mes de mayo unas sesiones para una película.

—Aunque la historia que narran se conoce, ¿cómo definiría usted esta producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico?

—Esta es una de las primeras comedias de Shakespeare. Es en donde él planta la semilla que luego recogerá en obras como «Romeo y Julieta». Los espectadores verán elementos que les suenan: el bosque, los engaños amorosos, las serenatas... Lo interesante es que los directores, Declan Donnellan y Nick Ormerod, buscaron en su versión las intenciones soterradas para encontrar la obra que Shakespeare habría escrito veinte años después bajo este mismo texto. Ha sido muy bonito encontrar esos conflictos con ellos.

—No es su primera vez con este equipo. Ya hicieron juntos «La vida es sueño», donde usted fue Segismundo.

—Es nuestro segundo montaje como compañía. Con el anterior giramos por España, Latinoamérica y Europa. Aunque los autores son diferentes, mi personaje actual, Proteo, y Segismundo tienen ciertos vínculos. Lo bueno de Declan Donnellan es que no trata con personajes, sino con seres humanos.

—Por este papel ha recibido el premio de la revista Met. ¿Qué importancia le da a ese reconocimiento?

—El reconocimiento siempre es positivo. El Met es importante, sobre todo en Madrid, y lo más bonito es que, aunque la revista nomina, es el público quien decide los ganadores. En realidad, lo verdaderamente hermoso es tener la capacidad de seguir trabajando. Si además te lo reconocen, mejor que mejor.

—¿Cómo está reaccionando el público durante la gira?

—Ha sido muy bonita desde que estrenamos en Avilés. Hay algo curioso, al ser comedia la gente se divierte mucho, pero también se va del teatro reflexionando sobre las relaciones tóxicas. Da igual que sea en Madrid, Barcelona o en el sur, el público reacciona igual. Después de la cita en Ourense, la idea es ir al festival de teatro de Craiova en Rumanía, que está dedicado a obras de Shakespeare, y quizás aterrizar en la propia Verona. Eso nos hace muchísima ilusión, aunque sea una presión.

—Usted es un actor «multitarea», pero sobre todo de teatro de texto. ¿Qué busca al aceptar un papel?

—Me formé en teatro de texto, pero tengo la suerte de que también me gusta mucho trabajar con el cuerpo. Soy un actor formado pero nunca me canso de aprender. Esta es una profesión muy artesanal.

—Se formó en Rusia. ¿Qué le marcó de aquella experiencia en San Petersburgo?

—Fue un intercambio cuando estudiaba en Valladolid. Me eligieron para un curso intensivo de verano y aquello me cambió la perspectiva totalmente. Ver a los rusos trabajar me hizo decir: «Guau, este es mi rollo». Me atrapó el respeto y el ritual hacia el acto teatral. Tenían una disciplina acojonante, casi marcial. Me marcó ver cómo los alumnos daban clase por la mañana y se quedaban repasando por la tarde. Cuando regresé todo había cambiado en mi forma de entender la profesión. Ese concepto de echarle horas lo he intentado mantener en toda mi carrera.

—Sin embargo, el gran público a veces lo reconoce por series como «Élite». ¿Cómo lleva ese contraste entre el teatro y el mundo audiovisual?

—Lo vivo de forma muy llana. En nuestra profesión hay un 93 % de paro; los que estamos en el 7 % restante somos privilegiados. Hay que tener la cabeza muy amueblada para sostener la inestabilidad de este oficio. Si es «Élite» o teatro, es secundario. Me encanta el audiovisual y cada vez me siento más suelto con la cámara, aunque mi base sea el teatro. También estuve en series como «Servir y proteger».

—¿Y en el cine?

—Está pendiente de estreno «Los creyentes», con José Coronado. Voy picando de aquí y de allá. Tener trabajo de lo que te gusta es un regalo, aunque sea un arma de doble filo porque a veces te quita el sueño.