El tráfico en el casco viejo de Ourense pasa de la anarquía a la multa automática

Miguel Ascón Belver
Miguel Ascón OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Tras la activación de las 17 cámaras instaladas por el Concello, todos los vehículos sin autorización que circulen por la zona peatonal  de Ourense recibirán una sanción de 200 euros.
Tras la activación de las 17 cámaras instaladas por el Concello, todos los vehículos sin autorización que circulen por la zona peatonal de Ourense recibirán una sanción de 200 euros. SANTI M. AMIL

El anuncio de sanciones para los vehículos sin autorización provoca, entre otras cosas, que los «riders» tengan que hacer los repartos a pie

04 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Las 17 cámaras compradas por el Concello de Ourense para vigilar el acceso de vehículos no autorizados al casco viejo están instaladas en las calles de la ciudad desde hace más de un año. El pasado día 16 de septiembre, el gobierno encabezado por Gonzalo Pérez Jácome anunció la puesta en servicio de esos dispositivos. Sin embargo, al igual que ocurrió con los siete nuevos radares de velocidad, durante las primeras semanas los infractores solo recibían avisos informativos. Ese período de gracia ha terminado y, según anunció el ejecutivo de Democracia Ourensana, desde este martes la Policía Local tramitará las multas de 200 euros que deben pagar los usuarios de los vehículos que entren sin la autorización correspondiente en las zonas peatonales.

El pasado día 26 de febrero se cumplieron seis años de la escenificación de una de las primeras medidas del gobierno de Jácome en materia de movilidad. En el 2020, el alcalde convocó a los medios de comunicación en el cruce de las calles Concordia y Santo Domingo para inutilizar los bolardos que hasta entonces regulaban el acceso al casco viejo. «Bájelos y no los vuelva a subir», ordenó el regidor a través del interfono. Ese viejo sistema, según argumentó Jácome, provocaba numerosas incidencias e incluso siniestros, tanto para conductores como peatones.

El objetivo era sustituir los bolardos por un control de acceso más moderno, pero ha habido que esperar más de seis años para su implantación definitiva. Durante ese período, sin barreras físicas que impidiesen la entrada a la zona, solo la vigilancia presencial de los agentes de la Policía Local podía evitar las infracciones. «Cando quitaron os bolardos notouse sobre todo no tema de aparcamento, con coches que estaban case de maneira perenne. Cada un pasaba, entraba cando lle daba a gana e saía cando quería. Cando puxeron as cámaras, notouse algo, pero non moito», explica Mariano González, de la cafetería Ceres 1894, en la Praza Saco e Arce. El hostelero cree que cuando los infractores empiecen a recibir las multas sí podrá percibirse una reducción del tráfico en el casco viejo, algo que considera totalmente necesario. «Aquilo é unha festa, con coches de furgonetas pasando de seguido», resume.

Las cámaras instaladas por el Concello de Ourense (en la imagen, en la calle Concordia) leen las matrículas y comprueban si los vehículos tienen autorización o no.
Las cámaras instaladas por el Concello de Ourense (en la imagen, en la calle Concordia) leen las matrículas y comprueban si los vehículos tienen autorización o no. SANTI M. AMIL

Carlos Rodríguez, miembro de la directiva de la Asociación de Veciños Casco Vello y responsable de la juguetería A Bufarda, en la calle Colón, coincide con el análisis de Mariano González. Según explica, el paso continuo de vehículos provoca situaciones de peligro para los peatones y, además, está dañando el pavimento, algo que se ve agravado por los vehículos pesados que se dirigen a las obras del Museo Arqueolóxico Provincial o de la plaza de San Marcial. Rodríguez espera que las multas cambien el panorama, pero ayer no fue así: «Isto está igual que sempre, a xente segue pasando. Os coches dos residentes normalmente veñen máis tranquiliños porque o límite de velocidade é a vinte, pero hai algún que pasa mangado».

Según explica un comunicado difundido por el Concello de Ourense, las 17 cámaras instaladas para controlar el acceso al casco viejo comprobarán en tiempo real si los vehículos que entran en la zona están incluidos en la base de datos de matrículas autorizadas. El objetivo, según el gobierno, es «preservar a contorna histórica, reducir o fluxo de vehículos non autorizados e mellorar a mobilidade dos residentes e peóns». El ejecutivo recomienda a vecinos, comerciantes y usuarios con necesidades especiales que comprueben si cuentan con su permiso en vigor para así evitar multas.

Aquellos que ya disponían de autorización no deberían tener problema, pero hay que tener en cuenta que el pasado día 26 de diciembre se implantó la zona de bajas emisiones y una de las medidas complementarias era, precisamente, la peatonalización de seis calles más. Son Parque de San Lázaro, Xaquín Lorenzo, el primer tramo de Cardenal Quevedo, Valle Inclán (hasta la avenida de La Habana), Ramón Cabanillas (desde Buenos Aires hasta Bedoya) y Arturo Pérez Serantes. Los residentes debían solicitar las autorizaciones correspondientes, pero los trámites son complejos y, según informó la semana pasada el gobierno local, cuatro funcionarios están trabajando específicamente en este tipo de tareas. Solo para la zona de bajas emisiones se han recibido más de 1.500 solicitudes, aunque un millar están pendientes de resolución.

Un repartidor, con un carrito para hacer las entregas de paquetes en el casco viejo yendo a pie.
Un repartidor, con un carrito para hacer las entregas de paquetes en el casco viejo yendo a pie. M. A.

Para acceder a la zona peatonal necesitan permiso, por ejemplo, los repartidores, los conocidos como «riders». Hasta ahora podían entrar en el casco viejo sin problemas por la permisividad de la Policía Local, pero la activación de las cámaras hará inevitables las multas para aquellos que no dispongan de un permiso oficial. Los establecimientos hosteleros que tienen repartidores propios lo tienen más fácil, pero los trámites se complican para quienes trabajan para plataformas como Glovo. Un portavoz de este colectivo explica que el Concello les ha prometido una solución, pero indica que aún no disponen de la autorización por lo que han decidido dejar sus motos en los límites del perímetro peatonal para hacer a pie el recorrido hasta los restaurantes a los que dan servicio y evitar así multas.