Desconectar cuando no toca

Andrés H.- Cachalvite GRADA BULEVAR

OURENSE

Gill y Krikke trabajando en el juego interior
Gill y Krikke trabajando en el juego interior Santi M. Amil

Desconectar es uno de los grandes placeres de la vida. Sirve para recargar energías, para relanzar un proyecto vacío o sencillamente para darse el lujo de estar tumbado en el sofá mientras el resto se empeña en «vivir cada momento al máximo».

El problema de desconectar viene cuando lo haces en el momento equivocado. Hacerlo mientras conduces puede acarrear que te pases la salida de la autovía o pensar en las musarañas mientras tu pareja te cuenta algo de vital importancia (o no) puede suponer que termines durmiendo en el sofá o pagando las consecuencias en forma de una tarde de tenso silencio en ese mismo lugar de reposo que anteriormente fue oasis en el día a día y que de repente se convirtió en la puerta de acceso al purgatorio.

En el caso de la derrota del COB, su desconexión fue algo más parecido a pasarse de la salida correcta en la autovía que a disfrutar del arte del dolce far niente, que es a lo que invitaba este fin de semana de frío y lluvia. Ante el Menorca el conjunto que dirige Moncho López sufrió una apagón de 10 minutos que le hizo buscar una victoria heroica que en esta ocasión no llegó.

En una competición como la Primera FEB «pasarse la salida» acarrea un camino tortuoso para volver a la dirección correcta y es algo que no puede suceder. Además, si te vuelves a casa después del partido con una bolsa de mandarinas en forma de malos lanzamientos desde más allá de 6,75 tienes un caldo de cultivo que pronostica, como mínimo, una remontada y un sobreesfuerzo que a priori no se esperaba.

Es cierto que el completo partido realizado por Romaro Gill y Ben Krikke minimizó un poco los males durante el encuentro, pero también lo es que hace falta que la posición de 4 se recupere cuanto antes con Samu

Rodríguez, ya que la aportación del exuberante Antonio Monteiro (imposible no fijarse en su pelo), es la que es.

Todo ello en el transcurso de una competición que se aprieta y que sigue reforzándose, con un calendario que no espera a nadie. Y es que a veces desconectar está muy bien, aunque hay que saber en qué momento hacerlo, como casi todo en la vida.