Cualquiera que tenga hijos sabe lo difícil que es organizarse en las vacaciones de Navidad. Y cualquiera con un mínimo de empatía puede hacerse a la idea. Por ejemplo, muchas parejas renuncian a disfrutar de sus días libres en las mismas fechas, de modo que una semana está uno con los niños mientras que el otro trabaja y a la siguiente se intercambian los papeles. El problema, como es lógico, se agrava para las familias monoparentales. Así, los abuelos se convierten en un salvavidas al que muchos se agarran para poder compatibilizar su vida familiar y laboral. Para comprobarlo, bastaba pasarse una mañana de estas por alguno de los parques infantiles de la ciudad, llenos de cuidadores canosos. Pero algunos no tenemos esa suerte porque ya no tienen edad para ocuparse de unos pequeños alborotadores o porque viven lejos.
Por eso —y porque no todos tienen dinero para pagar ocho horas al día a una canguro— son tan importantes las actividades de conciliación. El papel de la asociación Amencer es fundamental en Ourense y todos los que confiamos en ella para dejar allí a nuestros hijos lo hacemos sabiendo que van a estar en un entorno amable, con todas sus necesidades cubiertas y pasándoselo pipa, que es lo que más les importa a los chavales. Hasta el gobierno local debe estar encantado con Amencer, porque el Concello suelta una subvención y puede desentenderse de casi todo. De hecho, la única actividad de conciliación organizada este año por la Concejalía de Educación tenía 15 plazas. A las «Mañás de Nadal» de la asociación fueron 149 niños. Comparen.