Melias é o meu pobo

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

12 ago 2021 . Actualizado a las 07:40 h.

Acabo de comer en Pacífico y vamos a cenar a la Palleira. Eso solo puede significar que estoy con Cris. Está intentando sofocar las ganas culinarias que ha acumulado a lo largo de este año a 1.785 kilómetros. Sí, es esa Cris. Y yo soy su cómplice. De experiencias, de experimentos, de la vida en general. Ahora escribo desde el costado derecho de la piscina de Melias. La de mi familia. Con la mía propia está mi padre desde hace meses. Llevo pidiéndole una charca desde que empecé a hablar. Así que ahora que se puso a ello, no tengo ninguna prisa por tenerla. Sé que será mi favorita, como casi todo lo que hace mi padre -que me perdone su vino tinto-. Este rincón del mundo, Santa María de Melias, es uno de mis lugares seguros. É o meu pobo. El de los cocidos de la abuela y la familia alrededor de una mesa larga. Tan larga que atraviesa las puertas. Llena de postres, rebosando bebida en cada brindis. Sí, somos de esos que piensan y aplican con el cuántos más mejor. Para nosotros, más es más. En cada fiesta de Melias: más amigas, más copas, más fichas para los coches de choque, más horas despierta. El Souto atisbado de luces de colores, con el olor de un puesto de chips a 3 euros que nunca duerme y nosotros -mis primos, mis amigas, quien quiera que baile- entonando sin voz que «el de los ojos negros nos tiene looocas». A todo eso me sabe Pacífico. Por eso siempre vuelvo. Y por algún motivo más. Porque siempre hay algo que nos impulsa a volver a casa. Como esa frase de moda: «Volvemos a los lugares donde fuimos felices». Y somos. Y seremos. Por eso este sábado, en Melias, a la Festa do Chuletón. Aquí os espero.