«Soy de dejar que las cosas pasen»

María Doallo Freire
María Doallo OURENSE

OURENSE

Miguel Villar

Coché Vil empezó con una guitarra de juguete y acabó con Siniestro Total frente a miles de personas en Balaídos

18 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En el DNI de Coché Vil (Ourense, 1963) pone Francisco José Villanueva, pero tal y como él mismo repite cada pocas frases: «Soy de dejar que las cosas transcurran, que pasen sin que se las fuerce». Y esa es la explicación a este cambio de nombre. «Empezaron a llamarme Coché siendo un crío. Ahora me han acotado el apellido porque tiene más sonoridad», explica. La misma con la que cuenta él, porque la vinculación con la música del que fue bajista de Siniestro Total hasta hace unos meses viene de largo. Aunque no de siempre, porque Coché de pequeño quería ser veterinario o ciclista, según la época. «La música me gustaba. En mi casa se escuchaba a todas horas y muy variada, pero nunca me había planteado tocar o componer yo mismo», recuerda. Eso llegó cuando era ya un adolescente, junto a Maxo Nóvoa, también músico ourensano. «Nos conocimos veraneando en Vigo y nos hicimos grandes amigos, que todavía hoy somos. Pachi, su hermano mayor, nos ponía a Mike Oldfield, a Rubycon y a Pink Floyd y claro, escuchando a estos artistas es imposible no pensar en querer ser como ellos», admite.

Su primera guitarra fue de juguete: «No daba el dinero para más pero con eso íbamos haciendo nuestros pinitos». De ahí pasó a una de verdad, de segunda mano. Tocó en la orquesta Los Arquinos y pasó cientos de tardes de ensayos en la Casa da Xuventude ourensana. Componiendo con Maxo llegaron a constituir el grupo Biosbardos, junto a Xurxo Pombo, Luis Martín o el que fue batería de Los Suaves Carlos Costoya. «Juntos participamos en el 85 en el festival Uff, qué noche!! Lo recuerdo con muchísimo cariño. Fue un concierto de casi 24 horas de duración retransmitido en directo por varias emisoras. Cada banda iba tocando en su turno en un escenario instalado en la Alameda. Estaba lleno de gente, eran buenos tiempos para la lírica, como se suele decir», explica. Era la época dorada del rock en Ourense, con decenas de bandas emergentes, de locales de ensayo y de iniciativas culturales. «Casi cada mes había un festival y conciertos a todas horas», amplía.

Pocos años después llegaron los Lap A Rush, una banda creada por Carlos Costoya. «Antes tocábamos para pasar el rato. Nos encantaba hacer música y estábamos siempre ensayando, así surgían las bandas», rememora. En este grupo Coché cambió la guitarra por el bajo. «Me di cuenta de que había muchísimos guitarristas y de que los nuevos, los más jóvenes que se iban sumando, eran buenísimos. Lo que más falta hacía eran bajistas, así que me compré un bajo», cuenta. Cuando se deshizo Lap A Rush, Coché entró en una pequeña banda con local en Barrocás: «Para pasar el rato y seguir divirtiéndonos». Y entre ensayo y ensayo vio una oferta en el periódico: «Producciones Miña terra galega busca bajista».

Y llegó Siniestro Total

Lo que Coché no se esperaba es que superados, los 45 años, le iba a llegar una de las mejores etapas en el mundo de la música. Fue con Siniestro Total en el 2009. «Llamé al teléfono que aparecía en la oferta y me dijeron que era para tocar con Miguel Costas. Si soy sincero no lo ubicaba demasiado», admite, entre risas. Al grupo sí lo conocía: «Por supuesto, estaba harto de cantar y de saltar con Bailaré sobre tu tumba. Me encantaban». Pasó una primera entrevista y luego el propio Costas lo llamó. Después de una breve conversación, sin todavía haberle oído tocar, le dijo que estaba dentro de la banda. «La explicación era que había sido el único que no le había preguntado cuánto se cobraba por actuación», recuerda. Ahí empezó un camino lleno de punk, de rock duro y de muy buenos momentos. «Estar en Siniestro Total fue muy bonito. Entonar el Miña terra galega y ver a miles de personas dándolo todo. Son sentimientos que no se pueden describir», explica Coché. Con el grupo estuvo de gira por toda España y llegó a tocar en lugares emblemáticos de Galicia como el Parque de Castrelos, en Vigo, o la praza da Quintana, en Santiago. «Tocamos incluso en Balaídos cuando el Celta subió a Primera División. Gracias a Miguel Costas he vivido cosas increíbles», apunta. Lo describe como todo un personaje: «Pero para bien, es un tipo muy divertido y muy implicado con la música». El viaje con Siniestro Total terminó a finales del 2019. «Miguel vino a Ourense, quedamos y le dije que ya no seguía con el grupo. Todo tiene un tiempo, un principio y un final. Pero somos muy amigos». Lo que no ha parado es su vinculación con la música, ahora como productor. «No creo que esta relación se vaya a acabar», razona.

El ourensano acaba de publicar disco e hizo la banda sonora de «Olvido y León»

El ourensano Coché Vil lleva años compaginando el rock con todo tipo de música. Él y Maxo Nóvoa fueron los encargados de realizar la banda sonora para la película del también ourensano Xavier Bermúdez, León y Olvido. Luego en solitario participó en la de los filmes Rafael, Un ajuste de cuentas, o la recién estrenada Olvido y León —continuación de la primera—. Ahora acaba de publicar el disco Invincible que cuenta con 10 temas, con títulos en gallego y en inglés, en los que ha compuesto la parte instrumental. «Soy muy puntilloso y encontrar la voz para interpretarlos me costó mucho», afirma. El elegido fue Leonel Silva. El resultado puede escucharse en Youtube y Spotify.

DNI

Quién es. Nació en Ourense en 1963. Estudió en el colegio Curros Enríquez. De niño quería ser veterinario. La música fue ganando terreno en su vida hasta convertirse en bajista de Siniestro Total. Entre medias se sacó una oposición del Sergas y hoy en día compagina ese trabajo con su faceta de compositor.

Su rincón. Escoge el palco de música de la Alameda porque allí descubrió su conexión con esta disciplina siendo todavía un niño. «Me llevaba mi abuelo y recuerdo que me llamaba muchísimo la atención ver a los músicos compenetrarse de esa manera. Me parecía un espacio enorme. Me quedaba maravillado», cuenta. Admite que esa sensación sigue apareciendo cada vez que se encuentra con alguno de estos palcos en cualquier ciudad.

Los rincones donde el rock latió primero

maría doallo

Hace poco más de un mes, la puerta del Bar, en la pequeña calle Gravina, se cerraba por última vez al público. Con impacto en todos esos viejos y nuevos roqueros que desde los años ochenta disfrutaban de cerveza fría dentro de sus paredes empedradas. Se despedía la noche de Reyes y en aquel momento decía Jose Luis López, su propietario, que en su local se había formado una gran familia en torno a una idea común: la buena música rock. Para entender la pérdida que supuso este cierre para los ourensanos es importante repasar la historia de ese alma máter, el rock, en la ciudad.

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