El Espacio de Arte Roberto Verino expone las naturalezas artificiales de Stefan Lupea
31 ene 2021 . Actualizado a las 22:08 h.«Vivimos, sí, como pájaros cautivos. Vivimos, siempre, esperando una caricia y una ola de alegría». André Cruchaga.
El Espacio de Arte Roberto Verino presenta la magnífica exposición de Stefan Lupea Hilo Conductor. El artista, ingeniero electromecánico transilvano y afincado en España, dedicado al diseño y a la fabricación de calzado, ha encontrado en el hiperrealismo su lenguaje plástico, utilizando una depurada técnica de óleo sobre lienzo, soporte para su creatividad del que surgen universos figurativos llenos de esperanza sobre elementos industriales que reproducen brillos y texturas admirablemente conseguidos en los acerados metales, la madera o el cartón. Ilusiones metálicas con el alambre como hilo conductor y un equilibrio y elegancia sublime en sus composiciones.
Naturalezas vivas alteran con su aleteo fugaz y despreocupado de pájaro las naturalezas muertas que desordenan y equilibran en un trepidante memento vivere que en la leyenda inscrita acompañaba a los viejos relojes de sol y que equilibra y enfrenta al memento mori que hace referencia a la fugacidad del tiempo y de la vida.
Un sugerencia elegante al carpe diem sin nostalgia ni remordimiento. Una fórmula para construir un presente lleno de futuro y posibilidades. Por eso, sobre el yunque reposa el tornillo con su tuerca y en una vuelta más de tuerca se posa el pájaro con delicadeza sobre este inestable pedestal. Latas que remiten a la de Warhol muestran su variante útil con el vientre repleto de tornillos que se han precipitado por la algarabía y el aleteo descuidado de los pájaros.
Objetos abandonados equilibran cromáticamente la composición, tendente a la horizontal que marca la línea de horizonte que dibujan los confines de la mesa de trabajo desconchada con algunos de sus cajones reservados a la mirada ajena y otros abiertos como la memoria.
Planos casi fotográficos que sacuden la forma hiperrealista con una mirada poética interior y psíquica en perspectivas de frente o aérea en la que eleva el punto de vista del espectador resituándolo en el espacio del cuadro. De esta manera permite al observador satisfacer la perversión del voyeur curioseando en el interior de los cajones, disfrutando del hallazgo de lo privado y participando del desorden de los elementos varados, de las marcas del tiempo que como cicatrices, cuentan la historia de los objetos, estableciendo relaciones que unen el espacio en blanco de las partes inconexas, como el sargento y sustituye al pájaro por su homólogo mecánico en el juguete inmóvil de cuerda.
Resulta admirable la maestría con la que Stefan conjuga y retroalimenta figuración natural y elementos industriales. Sorprende su capacidad para recrear superficies erosionadas de metal como sus desconchadas cajas de Alta Tensión, la calidad de sus herrajes y cerraduras, la virtuosa alteración que produce entre los elementos desgastados y los nuevos, generando una sensación de tránsito temporal que contextualiza y simultanea presente y pasado.
En la serie Alta Tensión suprime, cambia o introduce un elemento diferente. En la primera de las obras aletea el pájaro, metáfora plástica de libertad, físico y móvil en la composición que se conecta con otro lienzo a través del hilo de alambre que funciona como isobara visual y del que pende un toro de madera que dibuja la silueta del ave; un reloj, brújula de nuestros pasos diletantes, un avión de papel que conecta con la fragilidad y permanencia de la infancia, donde, apresado por la levedad del alambre que lo sostiene, espera el instante de alzar el vuelo y en otro registro el avión de juguete proyecta su sombra sobre el oxidado cajón de alta tensión en el que se cierne cual amenaza neón la señal de peligro atravesada por el rayo.
El rumbo marca el camino, el Norte y Este de la rosa de los vientos y dibuja en el mapamundi de cartón asido con grapadora, la palabra frágil.