La epidemia de cada año

Llegó el fin de semana y la provincia entró en guerra. La epidemia que nos toca todos los años: los incendios forestales.


No salimos de una y nos metemos en otra. Andaba yo pensando hasta el fin de semana que si a Jácome se le podría aplicar el cuento del traje nuevo del emperador, por aquello de que ahora todos de repente lo ven desnudo; todos, menos él a sí mismo, pues al recibir el bastón de mando descubrió lo importante que era ser alcalde y se lo creyó, aunque nunca se vistiera con traje. Y hasta ahora, sus amigos políticos y sus antiguos oponentes convertidos en socios, no habían descubierto que estaba desnudo, o no se habían atrevido a decírselo. Pero llegó el fin de semana y la provincia entró en guerra. La epidemia que nos toca todos los años: los incendios forestales. Y eso es más importante que Jácome, que durará lo que dure -más bien poco, supongo- pero el negro en el monte y el daño medioambiental ahí quedarán. Parece que estamos en guerra. Aviones y helicópteros sobrevuelan continuamente nuestro cielo, y el aire se vuelve irrespirable, como si hubiésemos sido bombardeados. Este aciago 2020, marcado por la plaga del covid-19, parece que volverá a figurar en los anales de más hectáreas quemadas en la provincia, si la lluvia no lo remedia. Son sobrecogedoras las imágenes del fuego y de los equipos de extinción que, en condiciones extremas, los combaten. Todavía no hemos aprendido cómo convivir, y aún menos cómo solucionar, la plaga de covid; pero la otra epidemia, la de los incendios, la llevamos sufriendo desde hace décadas y parece que tampoco aprendemos a combatirla. Se invierte en medios, se vigila, se extinguen fuegos, pero la plaga es pertinaz.

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