Ignacio Basallo, polvo de madera y estrellas en los bolsillos

El artista fue un gran referente rupturista que venció a la tradición


ourense

Ignacio Basallo, el hombre que susurra a los objetos, revolucionó el mundo de la escultura en los años 80, cuando se convirtió en uno de los creadores más interesantes del grupo Atlántica, colectivo que reactivó el arte gallego a través de una actividad creativa experimental y autogestionada. Un arte posvanguardista puntero a nivel internacional que sin abandonar la identidad orográfica y lingüística del entorno Atlántico, propuso una puesta en valor del material pilar de la memoria, la piedra y en la calidez de la madera sus señas de identidad.

La efervescencia creativa fagocitada por los aires de libertad de la España democrática, propulsaron un nutrido número de expresiones artísticas innovadoras con voluntad de renovación con la experimentación multidisciplinar como base.

En la obra de Basallo, los materiales se transforman en objetos con la magia que envuelve a lo cotidiano y los objetos se transforman en formas esenciales y únicas, desplazando de ellas su valor objetual a su equivalente poético como instrumento de una experiencia radical y liberadora, rupturista respecto a los lenguajes antes conocidos como tradicionales, vaciado de contenido puramente estético. Una creación en ósmosis con el hecho o acción y el resultado poético del producto artístico, ensamblajes fuera de aprehensiones académicas donde se conjugan las tensiones, energías y masas de los objetos.

Basallo construye un lenguaje iconográfico nuevo, intimista y sociológico en el que plantea las funciones y disfunciones de los objetos en relación a un contexto que anula para crear la forma nueva, y reflexiona sobre conceptos tales como el aislamiento, la perturbación del volumen en el espacio, el carácter individual del objeto.

Sus construcciones en 3D, superan el lenguaje de la escultura, estando sus superficies, en ocasiones, intervenidas o tratadas con efectos pictóricos que replantean la definición formal de los objetos.

En assemblagisme opone yuxtaposiciones de materiales y crea artefactos autónomos de aspecto frágil y volátil en los que su sentido del riesgo y valentía se adivinan en la maestría con la que transforma la madera con las piezas metálicas que integra en un diálogo experimental entre los objetos de carácter funcional ensamblados, reales o construidos con piezas de realidad en la magia del objet trouvé que reinventa, en el poso identitario y etnográfico y en el misterio de su interpretación, dando lugar a una obra de personalidad única y sorprendente calado poético, existencialismo y referencias directas a las realidades sociales.

El artista y miembro de la Real Academia Gallega de Bellas Artes, expande los límites conceptuales de la escultura a la instalación, interviniendo volumen y espacio e integrándolos con sublime elegancia y exquisitez.

Un creador de máxima importancia, investigador y amplio conocedor del material, un humanista honesto y solidario que descontextualizando el objeto, lo subjetiviza, haciendo referencia al instrumental autóctono del rural gallego. El artista, cuya notable trayectoria tan interesante como íntegra, arranca de una reflexión sobre la antropología cultural gallega rural y marinera con volúmenes rotundos y ritmos vitales, con la pulsión de lo propio para evolucionar hacia una progresiva pérdida de la masa y el volumen y en esa aparente levedad consigue piezas de poética conceptual o reflexiva.

La parte más determinante en su camino hacia la contemporaneidad de la postvanguardia, es su presencia decisiva en la Atlántica, como precursor de un nuevo desarrollo escultórico en el que el volumen expandido se identifica con lo abstracto y conceptual.

El espectro generado por las sombras construye en sus piezas itinerarios poéticos que remiten a Calder en las formas dinámicas. En la pequeña escala, el creador despliega su mimo y maestría en el control del material y el gesto y trabaja como entidad orgánica el objeto en series que se relacionan por criterios de proximidad: balanceo, evocaciones entomológicas…

Una obra maestra de sensibilidad máxima en la sencillez de la apariencia, una suerte de emoción suspendida en el aire en la tensión de un suspiro, absoluta en la sutileza póvera de los materiales reactivados y su vinculación a lo social en lo constructivo y reivindicativo en las referencias al trabajo realizado con las manos, al apero y al útil que remite a Julio González y al elemento surreal de Sánchez, el discurso perfeccionista y coherente de un creador de formas apasionantes como las imágenes de Madoz.

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