Adolescentes y coronavirus

Ricardo Fandiño FIRMA INVITADA

OURENSE

22 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La crisis del coronavirus parece haberse tragado a la población adolescente como un agujero negro. ¿Dónde están? Si no están en los institutos, en las plazas, en los parques, en los locales de ocio, en las instalaciones deportivas, si no los tenemos en nuestras redes sociales, ¿dónde podríamos encontrarlos? Confinados en sus casas, eso es seguro, como todos, y asomados a la ventana a la que más nos asomamos todos estos días, y que ellos manejan con gran destreza, que es Internet. Si no coincidimos con ellos no es porque estén haciendo cosas muy diferentes a las que hacemos nosotros, sino porque nuestra vida circula a través de unos canales y la suya a través de otros.

Los adolescentes siguen hipercomunicados entre ellos, porque es lo que necesitan hacer. Romper la cadena comunicativa entre los adolescentes sería condenarlos a una regresión infantil. Lo que hace unos días nos parecía un problema, porque el uso masivo de redes sociales amenazaba con sustituir paulatinamente el contacto presencial, hoy se apunta como una solución temporal para que los jóvenes puedan seguir en contacto con sus amigos, enemigos, conocidos y desconocidos.

La gran inquietud, a veces no expresada, a veces ni siquiera pensada, de los adolescentes contemporáneos es la incertidumbre respecto al futuro. Y la crisis que estamos viviendo abunda y mucho en esta preocupación. ¿Qué será de sus estudios, de sus exámenes, de sus trabajos, de sus actividades, de sus relaciones? Esta situación de ausencia de certezas puede llevarlos a replegarse todavía más entre ellos y en sí mismos, como una forma de volver sobre un mundo seguro, que conocen, de risas repetitivas, memes, bailes, imágenes y ficciones.