Y van seis


Hay obligaciones que vienen dadas, que te dictan el trabajo, la familia, las circunstancias, la vida. Y hay otras obligaciones que te impones tú mismo. Quizás sean más importantes. Si las eliges las cumples con más satisfacción. A pesar de todo. Recordar Angrois cuando se acerca el 24 de julio en este trocito de periódico es una de esas últimas imposiciones que yo me hice hace seis años. Ojalá no hubiera tenido que hacerlo. Ojalá no hubiera tenido que repasar una lista para saber si alguien conocido formaba parte de ella. Ojalá no hubiéramos tenido que titular la primera página del periódico con un «O peor día de Galicia».

Hace seis años, ya de madrugada, escribí un artículo titulado «Oraciones en el próximo viaje». Recuerdo la llamada del subdirector para pedirme una reflexión en una noche como aquella, en la que muchos ourensanos iban subidos a ese tren. Lo hice con un nudo en la garganta. Aquellas oraciones a las que me refería eran las que iba a pronunciar cuando volviera a subirme a un tren después de aquello, las que iba a bisbisear para recordar a todos los que hicieron en aquel Alvia el último viaje de su vida, cuando todavía no sabía lo que quedaba por delante: informes, comisiones de investigación, imputados... todo menos reparación.

Aún hoy, por las víctimas de Angrois, por los supervivientes, hay motivos para pronunciar esas oraciones. Cada uno puedo rezar a quien le parezca. Cada uno puede encomendarse a aquello en lo que crea. Pero en estos días, de patrones y de fiestas, los gallegos no podemos dejar que se borre la fecha del 24 de julio. Porque no se lo merecen los que murieron en Angrois.

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