De qué va la cosa


Que esto no va de que la diputación dé más dinero en forma de cheques bebé. Que tampoco va de la ley del aborto o de que los nuevos modelos de familia -monoparentales u homosexuales- amenacen la tasa de natalidad. Que tampoco va de que las creencias religiosas pierdan peso a pasos agigantados y la familia tradicional se vaya a pique.

Va de que -con los datos del INE en la mano- los jóvenes de entre 16 y 24 años cobraban 70 euros más al mes hace doce años (en 2007, percibían de media 1.065 euros). Y va de que los que están en el tramo de 25 a 34 años solo han visto un aumento en su salario mensual bruto de 50 euros entre el 2007 y el 2017.

La cosa va de que los contratos son inestables y no permiten una planificación a largo plazo. Va de que eso es para los afortunados que tienen contrato, aunque sea temporal, porque otros han tenido que largarse a Alemania o a la inmensa China y no otean en el horizonte su vuelta.

Digan lo que digan los datos del paro y la EPA. Si conocen a algún joven sabrán que los que hace unos años se quejaban por ser mileuristas, hoy se sienten afortunados por ingresar un salario con cuatro cifras -por los pelos- en su cuenta bancaria. Pocos jóvenes con menos de treinta años tienen un sueldo que les permita independizarse, sin compartir piso.

La cosa no va de hacer promesas populistas o cambiarse de partido con las elecciones asomando. Va de que, si no atraemos a los jóvenes rápido, seguiremos siendo (según el INE también) la provincia Gallega con la media de edad más alta para siempre.

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