¿Por qué se colapsa el hospital?

El CHUO tiene un nivel de ingresos y tiempos de estancia superior a la media


ourense / la voz

La historia se repite cada invierno. En cuanto los virus estacionales empiezan a aparecer la actividad en el servicio de Urgencias del CHUO se dispara y comienzan las quejas por las esperas para ser atendido o para ser trasladado a planta una vez decidido por los facultativos que el paciente necesita ser ingresado y, también, las críticas sindicales por la sobrecarga de trabajo.

¿Se usan bien las urgencias hospitalarias?

Cada año las autoridades sanitarias hacen llamamientos a la población para que hagan un uso correcto de las urgencias, acudiendo solo a las de los hospitales en los casos más graves y usando las de Atención Primaria para el resto. Sin embargo la propia gerencia del área sanitaria reconoce que en Ourense, en general y salvo excepciones, los que llegan al CHUO son los que tienen que llegar. De hecho, las cifras de atención en los PAC superan con mucho a las de los hospitales. El 24 de diciembre, por ejemplo, solo en el de la calle Concejo atendieron a 382 pacientes mientras que al CHUO fueron 150 de toda su área de influencia. El 1 de enero pasaron por ese mismo PAC 310 pacientes, frente a los 207 que llegaron al hospital y el día 6 fueron 302 frente a 149 por poner ejemplos de jornadas festivas en las que los centros de salud están cerrados.

¿Por qué hay más quejas al principio de semana?

Una de las curiosidades que reflejan los cuadros de actividad del hospital es que las llegadas a las urgencias hospitalarias caen en picado los sábados y domingos y se disparan los lunes y martes. La media anual del CHUO es de 190 pacientes, pero este enero la mayoría de los días, de lunes a jueves, oscilan entre los 219 y los 230. Los viernes comienzan a bajar. El pasado sábado, por ejemplo, se atendió a 212 personas, el domingo a 154 pero el lunes fueron 268. Se une que los fines de semana se dan menos altas y se liberan menos camas. El sábado 20 fueron 37 las plazas que se liberaron, frente a 64 nuevos ingresos; el domingo se dieron 11 altas e ingresaron 75 y el lunes volvió a normalizarse el ritmo de altas (109), aunque también subieron los ingresos del día, que igualaron esa cifra.

¿Cómo influye el envejecimiento?

Aunque el problema de la saturación de urgencias en invierno no es exclusivo de Ourense es evidente que el envejecimiento de la población y la consiguiente acumulación de patologías crónicas y complicaciones, se nota. La mayoría de los pacientes en varias unidades de hospitalización no son solo mayores, sino muy mayores. Algo lógico en una provincia que tiene al 12 % de sus vecinos por encima de los 80. Estos «pacientes frágiles» representan la mayoría de los que, tras llegar a urgencias, son ingresados. La media de ingresos del CHUO es alta, está en 20 personas por cada cien que acuden al servicio de Urgencias. Pero se dispara con el invierno. En este mes se ha superado con amplitud ese porcentaje casi todos los días. El pico, de momento, se registró el 9 de enero, en el que se ingresó al 35% de los que acudieron.

¿Se aumentaron los recursos o faltan?

Efectivamente se incrementaron las camas y se contrató personal, tanto sanitario como no sanitario, para atender el pico de demanda. El CHUO ha reabierto varias plantas que se vaciaron tras el traslado al nuevo edificio de hospitalización. Está funcionando al 130 % de su capacidad estructural. Según los datos del Sergas, de las 415 nuevas camas abiertas para el plan de contingencia invernal en toda Galicia, 135 están en el área ourensana, mientras que en A Coruña se abrieron 35, en Vigo 45 en Santiago 42 o 38 en Ferrol y 20 en Pontevedra-O Salnés. La comisión de centro reconoció el esfuerzo realizado este año por la dirección para afrontar el incremento a la demanda pero, para los representantes de los trabajadores, la respuesta a la segunda parte de la pregunta -¿faltan recursos?- es un claro sí.

¿Dónde está la clave del conflicto?

La gerencia explica que se da respuesta a los picos asistenciales abriendo más camas y contratando más personal cuando se necesita y parece razonable pensar que no tiene sentido mantener todo el año recursos para los que no hay demanda. Pero los sindicatos apuntan que existe un déficit estructural; es decir, se funciona todo el año con menos camas y personal de los que se necesitarían para atender no solo a la cifra, sino a las peculiaridades de una población que, precisamente por su envejecimiento, requiere de más tiempo y cuidados que otros. Algunos colectivos profesionales también apuntan otras claves, como la creación de canales de acceso para estos mayores frágiles que eviten el paso por el servicio de Urgencias o incrementar los recursos para la hospitalización a domicilio.

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