Seamos justos


La sociedad se ha acostumbrado, en los últimos años, a que política y justicia se miren de frente. La corrupción se ha encargado de que sea así y, con desigual resultado, se han ido despejando algunas causas. Pero la sensación general es que (casi) nunca pasa nada. Nos vamos enterando, vía denuncias, conversaciones, sumarios o sentencias de cosas que se estaban haciendo mal pero salvo alguna dimisión -siempre obligada, como si la vergüenza o la dignidad no fueran motivo suficiente para irse- permanece la impunidad. Es como si mirar a otro lado el tiempo suficiente bastase para que la gente olvide.

Pero también es cierto que no solo la política se ve señalada con el dedo de la justicia. Esta misma semana conocíamos dos sentencias en las que se apelaba a dos instituciones muy próximas, el CHUO y la Universidad de Vigo. Y en sendos fallos se les sacaban los colores por actuaciones irregulares.

Así, el TSXG, en una reclamación relacionada con una cesárea iba más allá de la operación en sí y de sus consecuencias y aseguraba tajante que la intervención se hizo «burlando la normativa». Sí, parece ser que toda la vida ha habido enchufes y que siempre hemos tragado con ellos pero sentencias como estas nos hacen reflexionar sobre si lo habitual puede (y debe) convertirse en lo normal y, lo que es más importante, en lo correcto.

A la universidad, a raíz del caso de una profesora que siguió trabajando jubilada, le dice el Contencioso Administrativo que está obligada «a realizar una investigación interna para depurar responsabilidades».

Al final, siendo justos, hay justicia para todos.

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