Leandro Sánchez expone su colección «Embalaxes» en el Marcos Valcárcel
28 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.El artista mallorquín Leandro Sánchez muestra su proyecto expositivo Embalaxes en el Centro Cultural Marcos Valcárcel. A través de su obra, el artista plástico elabora su discurso de caligrafía autobiográfica, en la reinterpretación de obras reconocibles de la cultura occidental y propias, integrando una suerte de papeles, cuerdas, cantoneras que expanden el soporte plástico y son constitutivos de él; haciéndose protagonistas más por su presencia tangible que por la imagen icónica que esconden, extendiendo la ilusión plástica a los planos conceptual, representativo y lingüístico.
La realidad, una, la tangible, inmaterial, eterna, ingenerada e indestructible; el mundo de las ideas platónico, arquetipo de la otra,; lo sensible, característica de lo material, corruptible y perecedero en constante devenir. Las ideas, para Platón, son esencia del verdadero ser, mientras que lo material, por engañoso, es efímero, siendo objeto sometido al cambio, la movilidad y la ilusión.
Toma así, Leandro, el espacio plástico, soporte por el que extiende, bajo el trazo continuo que encierra la figuración de sus volúmenes, la silueta de contorno y en el trazo discontinuo, que reconoce el espectador mediante su configuración cerebral, incluso el chorreo o dripping. Leandro modifica y altera las leyes perspectivas, desviando el interés en función de la percepción del objeto y su sombra, fundiendo lo real y lo ilusorio, el concepto mental y su interpretación y reflejo, el virtuosismo plástico, expresivo y técnico, la asociación subjetiva a través de la perspectiva falseada del trompe l?oeil; abriendo el debate sobre el grado de realidad del objeto y la realidad construida del objeto subjetivizado. Basándose en las distintas dimensiones de las realidades conceptualizadas, el elemento constituido por el huevo frito, invita a la reflexión iniciada por Magritte sobre la contradicción entre superficie y representación en la obra Esto no es una pipa, sobre la traición de las imágenes, apariencia y materiales, fisicidad, texturas y materialización de un concepto, alterando en la representación bidimensional del plano pictórico una intención ilusoria de tridimensionalidad.
La permanencia de los objetos a través del tiempo con sus heridas, en las cicatrices, de manchas, rasguños y el verismo de las formas orgánicas; en la concreción de los materiales usados comúnmente como embalajes, apelativo que define la exposición y que se presentan como forma de arte subrayando su protagonismo en la impecable técnica purista, en la definitiva y precisa pincelada que presenta los elementos de empaquetado y sus texturas materiales de fardo. Una metáfora de lo que somos, de lo que mostramos y de lo que ocultamos debajo de nuestro envoltorio. Dualidad humana, existencialismo en la obra de este artista que conserva la magia de la luz de su mediterránea isla.
Revisa, amplía y cuestiona la obra de los clásicos de la historia del arte desde su idiosincrasia personal: Leonardo, Van Gogh, Hooper, Antonio López, Vermeer, Monet, Sorolla, Picasso y una impactante simbolista y áurica reinterpretación del Friso de Beethoven de Klimt, en la tensión vibrante del abrazo en escorzo, como un nudo de dos cabezas; obras constitutivas del arte de tradición ilusionista o «cuadro ventana». Transforma la imagen en icono recurrente en los embalajes de forma paradójica permaneciendo dentro del mismo código icónico y reflexionando sobre la ilusión y la creación. La centralización renacentista divide en fragmentos que son parte y todo de la misma unidad, imponiendo un sistema icónico y simbólico que refleja esa realidad plural y fragmentaria, y la separación entre lenguaje y pintura, reflexión semántica y conceptual, la arbitrariedad del signo y su relación con la creación como expresión; y la realidad del objeto representado y la marca del inexorable paso del tiempo.
crítica de arte