«Hay mucho miedo al fracaso»

Fina Ulloa
fINA ULLOA OURENSE / LA VOZ

FIRMAS

Santi M. Amil

Después de varios trabajos precarios decidió convertirse en empresaria

12 feb 2013 . Actualizado a las 22:11 h.

Su vocación inicial era el magisterio, y seguro que no le hubiera ido mal porque Fernanda tiene una capacidad especial para explicar su visión de las cosas con claridad y pasión. Sin embargo la vida le llevó por derroteros muy distintos. El sector turístico le ofreció sus primeros trabajos, siempre temporales y, como ella misma reconoce, muy precarios. Pasó por empleos de lo más diverso, desde la atención en agencia de viajes hasta como guía de grupos. Eso le llevó a estudiar la carrera de Turismo, pero finalmente decidió establecerse como empresaria creando una empresa dedicada a la organización de congresos y comunicación corporativa.

-¿Cómo va la aventura?

-No me puedo quejar. Es curioso porque aunque inicialmente yo tenía la idea de enfocarla más hacia el tema de congresos, me sorprendió que la mayor demanda y el interés de las empresas, incluso pequeñas, que quieren invertir en comunicación.

-En los tiempos que corren ¿cuesta más vender la imagen de una firma o su producto?

-Lo que ocurre que en estos tiempos todo se mide mucho y hay que adaptarse a presupuestos muy limitados. Eso obliga a pensar más, a buscar opciones más imaginativas y hay que también tener claro que Internet no es siempre la panacea para todos los negocios. Hoy en día hay que tener presencia online, pero para algunas acciones también es necesaria offline. Las empresas no solo necesitan comunicar para expandirse o exportar; sino muchas veces para fidelizar clientes o para decir que siguen ahí, porque hoy en día vender imagen es muy importante.

-¿Hay muchos jóvenes empresarios que le piden ayuda para crear la imagen de su proyecto?

-Alguno hay, pero en general los jóvenes españoles son bastante reacios al autoempleo y a crear su propio proyecto, prefieren emigrar o trabajar de cualquier cosa aunque desperdicien todo su bagaje formativo, antes de dar el paso del emprendimiento. Aquí a los jóvenes no hay que darnos un empujón; necesitamos una patada.

-¿Y por qué cree que ocurre?

-Todos somos hijos de una herencia cultural y aquí no hay cultura empresarial. Antes el que era empresario lo era porque heredaba la empresa familiar o por una cuestión vocacional. Está además la especie de fobia a la palabra empresario y la idea de que la mejor opción laboral está en la función pública, y a eso se suma que hay mucho miedo al fracaso y sobre todo al qué dirán si va mal.

-¿Y eso no pasa en todas partes?

-En el mundo anglosajón y en otras culturas no existe esa obsesión porque todo tiene que ir bien a la primera, ni el primer empleo tiene que ser tu destino laboral para toda la vida, ni solo te puedes dedicar a una cosa porque tu formación fue por un camino profesional determinado. La flexibilidad y la capacidad de cambiar y adaptarse es lo que te da un valor añadido en esas sociedades y lo que las hace más dinámicas. Aquí estamos ahora en ese camino, porque las circunstancias nos han empujado y hemos pasado de una sociedad sólida a una sociedad líquida, en la que nada dura, nada es permanente no hay garantías eternas.

-¿Cree que muchos jóvenes vivirían mejor aquí con su negocio que emigrando?

-Depende de lo que vayan a hacer fuera, pero en la mayoría de los casos tampoco van a trabajar en lo suyo. Yo estoy convencida de que muchos podrían ser aquí más felices montando su pequeña empresa, incluso trabajando desde su casa aprovechando su formación, que en una fábrica de Alemania. Tenemos muy idealizado el tema del negocio, y lo que no puedes hacer es pensar que vas a montar un gran emporio. Hay que ir paso a paso.

-¿Cómo se ve en diez años?

-Me gustaría seguir con la empresa y con una plantilla de trabajadores que trabajase conmigo o para mi empresa. Yo no tengo pretensiones de hacerme rica, simplemente quiero tener un trabajo que me aporte un sueldo digno y tener algo mío.