30 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.
No corren tiempos para opacidades en el servicio público. El ciudadano empieza a cansarse, con razón, de los contratos poco claros que desde las administraciones públicas, con el dinero de cada uno, se dejan ver cada vez con más frecuencia. No se trata de pensar mal, quizás no haya razón ninguna, pero lo cierto es que a los ojos de los ourensanos el hecho de que la sede de la empresa esté en el consulado de Costa de Marfil (o en cualquier otro) y que su capital sea de 6.010 euros no parece claro, cristalino.