ues va a resultar que tenemos no un solitario ahorrador compulsivo en forma de alcalde, que en cualquier familia o barrio puede haber, sino más de una docena de ejemplos de que un concello puede sobrevivir sin necesidad de endeudarse. Sorprendente, admitámoslo, si reflexionamos sobre el exceso en el que están instalados los más grandes. No es momento para valorar si ese vacío es consecuencia de una acertada gestión en plan doméstico no gasto lo que no tengo, o de la pura inacción. Es otra historia. De todos modos, visto en clave de crisis financiera, caos, deuda e hipotecas, que tampoco es necesario nombrar directamente al coco ni al Fondo Monetario Internacional, llama la atención. Esta misma semana contaba un empresario ourensano que unos proyectos en los que invirtió la administración autonómica un buen dinero, para ver cómo se daban los olivos en Ourense, habían fracasado por la desafortunada elección del lugar de las plantaciones. En un caso, porque estaba demasiado alto, en otro porque la tierra era mala y en el tercero, vaya, qué despiste, porque había un litigio abierto entre dos comunidades de montes y no pudo ser. En aquello se invirtieron, o como el lector prefiera decirlo, alrededor de 150.000 euros, cuya utilidad, visto lo visto, parece más que discutible. Con gastos así, como los 180.000 euros para una fuente en una rotonda bajo el puente Ribeiriño, crece una bola que los mismos pretenden rebajar con recortes de nóminas y servicios. Qué cosas.