a carísima fiesta de la democracia que vivimos ayer -aún sigo impresionado por los 124 millones que dicen que costó la jornada electoral- ya pasó y, tras el obligado análisis de los resultados, es necesario que el ganador se ponga a trabajar. Difícil papeleta le queda por delante. La crisis no parece tener fin y será inevitable aplicar una racionalización del gasto, pero el nuevo presidente debe tener presente que hay muchas deudas pendientes de pagar a Ourense. Si algún territorio ha de sufrir los recortes, ese no es el de esta provincia. En tiempos de vacas gordas, los gobernantes no supieron -o, mejor dicho, no quisieron- aplicar una política efectiva de discriminación positiva que lograse la cohesión territorial de Ourense con el resto del Estado. Si tampoco lo hacen ahora, en vacas flacas, la provincia estará sentenciada de muerte. El único consuelo que nos quedaría es que ya no hay más escalones que bajar en los ránkings. En todos vamos ya de últimos.
Por este motivo, el nuevo presidente debe tener en cuenta que, si retrasa el AVE, incrementará las desigualdades entre Ourense y otros territorios que llevan décadas disfrutando de esa infraestructura. La alta velocidad no resolverá todos los problemas que aquejan a esta provincia, pero es un símbolo de los múltiples incumplimientos de los distintos gobiernos con esta tierra. Hay mucho trabajo que hacer. Es una tarea ingente y, sinceramente, dudo que nadie vaya a abordarla. Cada vez hay menos votos que captar en Ourense.