El capricho del AVE de Ourense

OURENSE

Dijo el ministro de Fomento a modo de prólogo de su visita de mañana a Ourense: «Yo no tengo recursos para pagar caprichos». Con tan contundente frase pretendía cortar de raíz la posibilidad del soterramiento de la futura estación del AVE de Ourense. Queda claro que José Blanco tuvo un lapsus léxico pues me consta que el aserto no refleja su pensamiento. Estoy seguro que lo que pensaba, pero no verbalizó, fue: «España no tiene recursos para pagar caprichos». Porque si así no fuera quedaría la duda de si el que se soterre o no la estación es una decisión personal del ministro a la hora de repartir el presupuesto que maneja en Fomento y que sí permite soterramientos en capitales similares. Llamar capricho a una reivindicación del primer partido de la provincia (el que suma más votos en las elecciones que todos los demás juntos), de la Cámara de Comercio (con más de 20.000 afiliados), de la CEO (con casi 10.000), de la Federación de Asociaciones de Vecinos y de varios colectivos profesionales más, es un exceso. Aunque el exceso lo pronuncie el ministro que ha sido básico para que el AVE sea una realidad en Galicia. Pero ante esa realidad innegable hay otra no menos cierta: Ourense, de nuevo, es la Cenicienta y la gran perjudicada. Aquí se aplica un acuerdo del 2003 mientras que en otras muchas capitales, y villas, se revisan los planes previos para facilitar el soterramiento. Y para ejemplos, faltan dedos de las manos.