Alergia a los flashes

Rubén Nóvoa H

OURENSE

05 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

ay presencias que comprometen. Hay invitaciones que si se aceptan te llevan a tener que dar explicaciones al enemigo del que te invita. No debería ser así. En una sociedad libre y democrática cualquier vecino, empresario o dirigente vecinal debería poder ir a un acto del PP sin miedo del qué dirán los de PSOE y BNG, o viceversa. Pero no es así, y sus gestos les delatan. El jueves en A Ponte, en un local vecinal, por una convocatoria a cuenta del lío del soterramiento del AVE hubo un auténtico recital de comportamientos dignos de estudio. Fuera de este análisis quedan los políticos peperos de profesión (la lealtad obliga pese a que en algún caso chirría).

De los que acudieron a la llamada del PP, hubo quienes quisieron que se notara y quedara constancia (véase Manuel Carnero, presidente de Limiar). En una segunda fila, más discreta pero suficiente para que te vean los que mandan, estaban los futuribles que se dejan querer para la lista: los líderes de los arquitectos y los inmobiliarios, entre ellos. Más atrás estaban los que fueron por compromiso y que no querían saber nada de los flashes delatadores de los fotoperiodistas. Alguno incluso pidió por favor no salir en la foto. Otros, directamente se taparon la cara con la mano.

Entre los que practican el arte de estar sin ser visto destacó Antonio Troitiño, ex líder socialista en la capital. Su estrategia de llegar tarde para no salir en la foto le falló por apenas tres minutos.