La pasión por la enseñanza

jesús manuel garcía OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Padre e hijo comparten el gusto por la formación de los jóvenes

13 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Discípulo de Lecea

Nombres

Albino Núñez Rodríguez y Carlos Núñez Deza.

Edades

El padre tiene 76 años y su hijo, 41.

Profesiones

Núñez Rodríguez es catedrático de instituto jubilado y Núñez Deza, profesor de flauta travesera.

Albino Núñez recuerda a su padre, Albino Núñez Domínguez como «un dios que fue para mí», dice. En su juventud, los estudiantes cursaban un programa donde no se dividían ciencias y letras. «En Ourense solo había el instituto del Posío. La mayor parte de las maestras de Ourense fueron alumnas de mi padre», señala. A sus 18 años, su padre le pidió cubrir una vacante de un profesor de ciencias naturales. «Tocaba aquella tarde hablar de mineralogía y allí me fui y allí empecé. Me hice maestro, oposité a Magisterio y a los 19 años era maestro nacional de enseñanza primaria». Se inició en Reboredo y en Moura y comenzó Filosofía y Letras en Santiago. Aprobó las oposiciones en Madrid yendo a dar clase a Luarca tres años para luego venir al Instituto de A Ponte. Trabajó en la Escuela Universitaria de Profesorado y de ahí, al Instituto As Lagoas. «La enseñanza media es más difícil de ejercer que la universitaria porque tienes toros bravos que, o los captas o los pierdes», dice con verdadera pasión. Y presume de que «en 47 años de profesión nunca tuve un problema con los chicos». Albino Núñez fue catedrático de bachillerato y delegado de Educación, «cargo que no ejercí como político sino como técnico», advierte. Su primer año de jubilación lo pasó mal. Hoy atiende a los suyos, lee, escucha música y radio, practica la jardinería, camina y preside dos asociaciones vecinales. La educación la ve mal porque «se perdieron valores de disciplina, voluntad, constancia en el trabajo y el respeto». Albino tiene dos hijos, Olalla y Carlos Núñez Deza, profesores. Ella en Ribadavia, él en el Conservatorio de Ourense. «La influencia en casa es la convivencia, el respirar un ambiente que te va preparando. Mi padre, mi abuelo, un tío paterno y mi madre, se dedicaron a la enseñanza», indica Carlos, para quien el 90% de lo que uno sabe «lo aprendes de la vivencia de conversaciones».

Carlos es profesor de flauta travesera, estudió en el Conservatorio de Ourense, después un profesor lo preparó para la vida musical. «Luego pasé al Conservatorio Superior de Música de San Sebastián» donde fue alumno de Teodoro Martínez de Lezea y dados sus resultados el maestro lo quería para aquel centro. Pero su sitio estaba en Ourense. Tras superar los estudios con las máximas notas, volvió a casa y empezó a trabajar en el Conservatorio de la ciudad gallega. «Fui beligerante en el buen sentido, para mejorar el centro. Luchamos muchísimo». Fue jefe de estudios y director 9 años. «Pasamos de 12 a 54 profesores, 20 pianos y un presupuesto mayor». Se daban todas las asignaturas menos órgano, que ahora es una realidad.

Pero Carlos tiene también el sello Armonía Universal para universalizar obras corales. Y un grupo de música antigua. La música, dice, «permite el desarrollo personal, quien sabe música no puede ser mala persona».