D urante las últimas semanas pasó inadvertido a la opinión pública una pequeña disputa territorial entre Nicaragua y Costa Rica, en torno a la isla de Calero, en la desembocadura de los ríos San Juan y Colorado. Por ese motivo me vino a la mente la figura del personaje José González Rancaño, coronel de Infantería, que fue Gobernador de Nicaragua entre 1751 y 1756 y de 1757 a 1758 ejerció de Gobernador de Costa Rica, nombrado por la Audiencia de Guatemala. Durante su mandato costarricense fue un instrumento útil de un cacique local lo que provocó tensiones con ciertas capas de la población estallando un conflicto social que le obligó huir disfrazado de mujer de Costa Rica a Guatamela, país donde fallece en 1776. Ahora se preguntarán a que viene esta historia. José González Rancaño era de Ribadavia, hijo de José González Rivera y Josefa Llance Rancaño. No fue el único ribadaviense que tuvo cargos de responsabilidad por el mundo. Ribadavia puede presumir de un gobernador en Filipinas, de un presidente de la Diputación de Lugo (García Penedo), de varios gobernadores civiles en la provincia de Murcia, Cuenca y Jaén y de gobernadores militares en ultramar. Esto lo que se refiere al poder civil. El poder eclesiástico que hemos exportado desde el Ribeiro (por ejemplo un obispo en Nápoles) será tema de otro día.