El dolor de la ministra

OURENSE

La ministra Espinosa volvió a escenificar en la provincia en la que nació, y merced a la cual es diputada en Cortes, que ella está un peldaño por encima de los demás mortales. Que su dolor no es como el de los 335.642 ourensanos. Que sus conciudadanos, los que le dieron los votos para que fuese ministra, son unos insensibles. Ella, en cambio, es pura emoción. Lo de la frialdad que se le atribuye no deja de ser pura pose de márketing. Cualquier noticia luctuosa la retira de la vida social mientras sus paisanos siguen con su actividad habitual. La ministra Espinosa, responsable de Agricultura, dio plantón ayer a los organizadores de la feria del vino de Valdeorras a pesar de estar físicamente a 100 metros. No fue a cortar la cinta, ni a brindar con los excelentes godello o mencía, por mor del dolor que sentía tras la muerte de los fallecidos en el incendio de Pontevedra. Sí pudo hacer política presidiendo una reunión en el Concello de A Rúa, pero no pudo pontenciar con su presencia los caldos de la comarca. Estaba de luto. ¿Y los demás? ¿Los que fueron a la feria son unos insensibles? ¿A ellos no les duelen las muertes? ¿Por qué la ministra estaba de luto por los brigadistas de Pontevedra y no por el joven de O Barco fallecido esa mañana? ¿También hay víctimas de primera y de segunda? La actitud de Elena Espinosa no es nueva. En la celebración de la Constitución, en el 2007, dijo que ella no se podía quedar a los pinchos en el auditorio debido al entonces reciente asesinato de dos guardias civiles pero animó a los centenares de personas presentes a comer y beber según lo previsto. Ayer, vuelta a las andadas. Por mucho que la Constitución diga que «los españoles son iguales ante la ley», el comportamiento, reiterado, de la ministra lo desmiente. Los hay de primera y de segunda. También en los sentimientos. Los que mandan, se ponen de luto. Los que obedecen deben seguir trabajando porque la vida, como cantaba Julio Iglesias, sigue igual.