Muy de cuando en vez la naturaleza se esmera y amuebla algunas cabezas que se convierten en regalos para la humanidad. El arquitecto Norman Foster milita en el bando de los tocados por no sé qué divinidad. Tiene la visión espacial que se le niega a la mayoría de mortales y la facultad de convertir los elementos constructivos en una orquesta de cámara. Su firma se estampa en el Ayuntamiento de Londres, en la sede del Commerzbank de Fráncfort, en el Centro para las Investigaciones de Ciencias Clínicas de California, el edificio del Deutsche Bank Place en Sídney, el viaducto de Millau en Francia, la reconstrucción del World Trade Center en Nueva York, el campus de la Justicia en Madrid o hasta el futuro estadio del Barça. Fíjense de qué ciudades y países hablamos. Y, ¿por qué no puede hacer Sir Norman Foster la estación del AVE en Ourense o el viaducto sobre el Miño? El Concello de Ourense y el alcalde así lo desean y seguro que muchos ciudadanos también. De vez en cuando hay que romper moldes y perpetuar edificaciones para la historia. Lo de menos es si lo quiere hacer, lo que va a cobrar y si hay dinero en caja para pagarle. Por favor, míster Foster, haga esta obra en Ourense. Y si no la puede hacer, al menos haga la maqueta, que es a lo que nos tienen acostumbrados aquí.