Álvaro Fonseca

La Voz

OURENSE

Se me fue el amigo, colega, compañero, apoderado. Dios nuestro señor pulsó una tecla equivocada y se nos murió. Fue un funcionario ejemplar que ocupó altos cargos en la Xunta, en Pontevedra; era futbolero, micólogo, viajero, rural, bodeguero, taurino, republicano cultísimo, disfrutador de la literatura y de la música; solidario (puntual los 17 de agosto en la Caeira), conversador ameno, amante del bien comer y del buen beber. Era caballero de la Real Orden del Albariño y el templario más guapo de la Feira Franca de Pontevedra. Usaba un torpe aliño indumentario y, como don Antonio Machado, era una persona buena. La iglesia de Combarro se quedó pequeña en su funeral- despedida. En los sesenta y siete años que vivió su único fracaso fue su incapacidad para conseguir un enemigo. Ni uno. Su mujer, Milagros, disfrutará los recuerdos de más de treinta años juntos y Álvaro conseguirá la inmortalidad con los genes de Uxía y Antía, sus hijas, que están felices y orgullosas de haber tenido un padre así. Anteayer depositamos sus cenizas en un lugar entrañable de la madre tierra y el padre Miño de su querido Ourense. Gracias, Alvarito.

Clodo