Cuando el Dépor quiso, ya no pudo

Rubén Ventureira

OURENSE

«Los partidos duran 90 minutos», suelen decir los entrenadores, y repiten los jugadores, los del Dépor incluidos. Pero ayer no se lo aplicaron. Durante 75 minutos, hasta que llegó el 2-3, el equipo de Lotina jugó una pachanga y el Espanyol un partido. El arreón final, que acongojó al rival, demostró que con actitud, presión e intensidad el Dépor es un equipo para pelear por la UEFA. Pero sin esos atributos es un combo para habitar en la mitad baja de la tabla. Hasta ese segundo gol, el equipo recordó a aquel que perdió 3-1 en abril ante un Espanyol colista.

El Dépor empezó jugando, dicho está, a la velocidad de los jardines. Con Riki por la derecha, Valerón de enganche y Adrián en punta, solo las contadas veces que estos tres conectaron hubo amago de peligro, pues los dos pivotes siguen en barbecho creativo. El equipo de Lotina abusó del inofensivo pase horizontal, y le faltó fluidez para llegar con velocidad al último tercio del campo. Enfrente se topó un Espanyol muy bien colocado y con una presión arrebatadora... de la pelota. Le ganó la posesión al Dépor, que contra el Málaga había superado el 60%.

El equipo coruñés inquietó con una falta indirecta que Riki golpeó a meta: Kameni necesitó toda su envergadura para desviar. El Espanyol, que había inquietado con pases desde su zaga a la espalda de la del Dépor, sacó petróleo de uno de los puntos flacos blanquiazules: el balón parado. A la salida de un córner, Pareja le ganó la batalla aérea a Zé Castro y la mandó al larguero; el rechace lo rapiñó Callejón para colocar el 0-1.

Valerón practicó el viernes en el aparcamiento de Abegondo golpes de golf en plan salón. Lo ensayado lo puso en practica ayer en el verde de Riazor. Aquello no fue un pase de fútbol, fue un aproach de golf, un golpe corto alto y que se quedó clavado en el césped, al borde del green del área. Por allí la recogió Adrián, más solo que el conductor del 2 en el último viaje del día. Tranquilo como Amancio, avanzó hacia Kameni, lo dribló con estilismo de crac y la embocó en la portería.

Valerón hizo una falta. Demandaba así la agresividad e intensidad que le faltaba a a sus compañeros. Faltaron ambas en una acción desde la banda derecha, de donde llegó un centro en el que Forlín, un central, se anticipó a Juan Rodríguez para colocar el 1-2 al filo del descanso.

El Dépor prolongó la siesta al inicio de la segunda mitad. El Espanyol siguió haciendo cosas con mucho sentido, como esa larga combinación al estilo de sus vecinos de ciudad que concluyó con el abucheado Verdú firmando el 2-3 al aprovechar un nuevo desajuste defensivo. Lotina se la jugó con un cambio a la NBA: sustituyó a los tres de arriba de golpe por Mista, Lassad y Pablo Álvarez. Con la actitud que hasta entonces había faltado, acortó distancias en un barullo que resolvió Lassad, que a punto estuvo de empatar después a la salida de un córner. Con los locales volcados murió un partido en el que el Dépor cuando pudo no quiso y cuando quiso no pudo.