Cientos de particulares se acercan cada septiembre al mercado de uva de Ourense para fabricar su propio vino casero
13 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Dos inmensos tráiler ocupan a las once de la mañana la gran explanada que se abre al borde de la N-120 a su paso por la zona industrial de Quintela de Canedo. Sus toldos abiertos dejan al descubierto pilas de cajas llenas de racimos de uvas blancas y tintas. «Cada un debe de transportar un 24.000 kilos», explican los trabajadores mientras se afanan en la descarga.
Las cajas van saliendo poco a poco de los vehículos para cobijarse del sol inclemente bajo una gran carpa blanca por la que pululan los primeros compradores. Es el mercado de la uva de Ourense, que tradicionalmente se desarrolla desde principios de septiembre en el Campo da Feira de la capital, pero al que las obras de ese recinto han obligado a trasladarse este año. «Non podíamos ir a Oira porque o peso dos camións fundiría o firme, e a alternativa de Expourense era máis complicada pola lonxanía e os accesos», explican desde la empresa Mafesa, una de las firmas más veteranas en este mercado.
No hay demasiada gente en esta primera jornada -el mercado se abre todos los días hasta el 10 de octubre- pero lo habitual, según explican los vendedores, es que la actividad se intensifique según avanza septiembre.
Y es que la clientela de este singular mercado es muy concreta. Son particulares que elaboran su propio vino y que usan esta feria como punto de abastecimiento. «Algúns, como eu mesmo, vimos para completar o que nos deu a vendima da casa, e dependendo do ano levamos máis ou menos, outros é porque lles gusta mezclar algunha variedade que non teñen, e outros xa non teñen viñas pero gústalles facer viño». Quien tan concretamente dibuja la razón de ser de esta feria de la uva es Alfredo Martínez, vecino de la localidad de Airas de Moreiras en Toén, que está ayudando a sujetar el saco al que caen los 400 kilos de uvas que ha seleccionado este año.
Se lleva mencía, pero a la venta hay también blanca macabeo, tempranillo, garnacha e incluso verdejo de Rueda. La mayoría viene de Castilla y León o Castilla La Mancha.
A él también le gusta la nueva ubicación del mercado, aunque le encuentra un inconveniente: «Non hai onde tomar un refresco, nin coller un bocadillo, e tampouco hai pulpeiras», se lamenta.