La puja para meter la imagen de la virgen en la parroquia carballiñesa de Arcos alcanzó los 9.000 euros.
16 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Unha promesa é unha promesa, e hai que cumplila coste o que coste, pero tampouco pudo ser este ano», lamentaba Vicente, el joven que ayer se midió con Floro González para intentar ser el encargado de meter el carro con la imagen de la virgen en el interior de la iglesia al finalizar la procesión.
En esta parroquia todavía se mantiene la tradición de la subasta de las andas para tener el honor de introducir a la patrona en la iglesia. Ayer, como es costumbre, la puja se inició por la «mano» derecha y con el precio acostumbrado de 50 euros.
«Veña, que é a mellor», animaba el subastador. Enseguida se empezaron a oír cifras: 100, 200, 500... A partir de mil, Vicente y Floro se quedaron prácticamente solos. A cada oferta del primero, seguían quinientos euros más del segundo. Ese lado del carro, se cerró en 4.500 euros.
Comenzó entonces la subasta de la «mano» izquierda, que generalmente se resuelve más barata que la primera. Ayer no fue así, porque era el año en el que terminaba la promesa de Vicente -«foi o último, o ano que ven xa non entro», explicaba-, y lo intentó hasta el final. La puja volvió a subir a los 4.500 euros, lo que supone que el empresario ha vuelto a cumplir su promesa personal y a batir el listón de la recaudación en esta pequeña parroquia con 9.000 euros
Casi nadie dudaba de que lo lograría «porque é xa unha tradición que a meta él, e salvo que algunha vez non poida vir por algún motivo, penso que sempre será así», explicaba ayer Manuel, uno de los muchos que acuden desde O Carballiño para presenciar la subasta.
Pero no es el único rito que se cumple en esta cita. Todos los vecinos saben también que el día 17, cuando vuelva a producirse la subasta en la segunda procesión de la fiesta «él déixalla ao pobo», aclara Marta.
Eso sí, en esa segunda jornada la puja no suele alcanzar ni la cifra ni la expectación que cada año despierta la firmeza de este empresario carballiñés en mantener su promesa a la santa en la parroquia de Arcos y que atrae a decenas de curiosos.