Gonzalo Espinosa de los Monteros creaba Suindor y firmaba un convenio en 1999 con la Diputación para vender suelo industrial, construir balnearios y relanzar Ourense
19 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.En la provincia de Ourense, con las estadísticas en números rojos y aguardando por el maná económico como agua de mayo, florecía en el otoño de 1999 una especie de panacea que, con el paso del tiempo y los sucesivos reveses, se desveló como una versión moderna del timo de la estampita. O en el cuento de la lechera, aunque en palabras de su protagonista, el empresario Gonzalo Espinosa de los Monteros: «Los cuentos de la lechera han movido el mundo desde tiempos inmemoriales».
El 9 de octubre de 1999 saltaban todas las alarmas cuando en una reunión del consejo rector del Inorde se informaba que el presidente de la entidad, entonces Antonio Mouriño, había firmado un contrato con una empresa madrileña, en fase de constitución, que iba a gestionar los parques industriales a cambio de la sustanciosa cantidad de 800.000 pesetas al mes, más personal e instalaciones para sus oficinas. Ante las protestas de la oposición el asunto se retiraba del orden del día. Y a partir de ahí comenzó el culebrón de Suindor SL y sus proyectos para relanzar la provincia.
A partir de aquella cita del Inorde se precipitaron los acontecimientos: el acuerdo presentado en la reunión del Inorde fuera firmado el 17 de septiembre y la empresa, Suindor SL, fuera creada ante notario tres días antes, con un capital de 500.000 pesetas. Desde el Inorde se califica de «borrador» el contrato rubricado con Gonzalo Espinosa de los Monteros y Suindor y se incidía en que lo importante, y el objetivo final del acuerdo, era que la empresa colocase el suelo industrial de la provincia para atraer empresas y crear puestos de trabajo. A cambio, y además de las retribuciones fijas mensuales antes señaladas, Suindor se embolsaría el 4% de cada metro cuadrado de suelo industrial vendido en los parques empresariales de la provincia. Una cláusula, según se pudo conocer después, que fuera impuesta desde Xestur Ourense, ya que Suindor prefería «un porcentaje por cada puesto de trabajo creado».
La promoción de suelo industrial era sólo una de las áreas de negocio que prometía Suindor. En termalismo se llegó a anunciar la creación de un gran complejo termal -con hípica propia y un campo de golf de 18 hoyos- que daría trabajo a 400 personas y la empresa Samalús, que llegó de la mano de Espinosa de los Monteros, afirmaba que tenía intención de invertir 10.000 millones de pesetas en un hotel en As Burgas -aunque luego se retiró al conocerse que la Casa de Baños era adquirida por otra empresa-. En la ciudad se iba a desarrollar la reunión del Consejo Superior Bancario para celebrar la Convención Nacional sobre el Euro, para lo que ya se había «presionado» a Cuevas, que traería a 3.000 empresarios «que dejarán en dos días 350 millones y que saldrá el nombre de Ourense en todo el mundo».
Otro proyecto estrella pasaba por instalar «unos grandes megacines en Pereiro de Aguiar, en colaboración con el presidente de la Asociación de Cines de España», crear una red de telefonía gratuita para O Carballiño y Ribadavia o la celebración Fin del milenio en Ourense, que incluía entre sus propuestas una «videoconferencia de Fraga con el Santo Padre».
Más adelante se desarrollaba la visita del ex piloto Emilio de Villota y se anunciaba un gran proyecto de circuito de velocidad y ciudad del motor para el eje Verín-Chaves.
Problemas
Mientras la Diputación defendía las propuestas de Suindor y Espinosa de los Monteros, la oposición reiteraba las denuncias por la escasa transparencia de los acuerdos y por vulnerar las prácticas democráticas en la institución provincial. El tiempo se encargó de dar y quitar razón a los contendientes.
La gala del Fin del Milenio no llegó a celebrarse porque a los artistas que iban a actuar en la misma -de Bryan Adams a The Corss, Joaquín Cortés o Carlos Núñez- nadie los había llamado para contratarlos. El complejo turístico de Celeiros, en Chandrexa, tuvo que cerrar y ser recuperada la titularidad por el Concello tras condenarse a la empresa Orontesol por impago a proveedores y trabajadores y en el proyecto de la hípica de Vilamarín tuvo que intervenir la Diputación al comprobarse que Espinosa de los Monteros compraba los caballos a sus amigos y los vendía a la Diputación a un valor que excedía, con mucho, el de los ejemplares. Y de los balnearios nunca se supo.