Solidaridad en el escenario

La Voz

OURENSE

MARÍA MIGUÉLEZ

La solidaridad se puede ejercer con notas musicales. O con pasos de baile. Lo demostraron ayer los participantes en el festival Ladesol, organizado por el colegio Franciscanas. En él participaron tanto alumnos y profesores del centro como otros ourensanos dispuestos a colaborar con el proyecto solidario que motivó la cita. Un ejemplo, las chicas de uno de los grupos de danza del estudio Coppelia, que arrancaron aplausos -y hasta alguna lágrima- al público. La danza contemporánea que ejecutaron compartió escenario con las guitarras eléctricas de un grupo, Hemorragia, compuesto casi exclusivamente por alumnos del colegio. Y fue sólo el principio. Lorena y Pablo, también estudiantes del centro, ejercieron de presentadores. En las butacas, cerca de trescientas personas. Los fondos recaudados se destinarán a alimentar a 875 alumnos de la escuela infantil María Ana Mogas en Matola, Mozambique, y a dotar de material a otro centro de la misma localidad. Excluyendo la exclusión La presencia también puede ser un indicador de solidaridad. Decenas de ourensanos respondieron a la llamada del Comité Anti-Sida y participaron en la fiesta ciudadana con la que la oenegé pidió apoyo en un momento de crisis. Están pendientes, desde hace meses, de la licencia que les permita abrir su nuevo local en la calle Cabeza de Manzaneda y ayer quisieron abrazarse con los vecinos que están a favor de su proyecto. Sobre el escenario, actuando y apoyando, Sarabela. El grupo teatral interpretó un fragmento de Margar no pazo do tempo en el que, según explicaba Fina Calleja antes de la actuación, se reflexiona sobre la exclusión social: «Fala da necesidade de romper ca nosa burbulla persoal e respirar». Después, en colaboración con un grupo de universitarios, realizaron una representación en torno a un poema de Manuel Benito basado en la historia del artista Pepe Espaliu, que en 1992 declaró que tenía sida y se hizo llevar en brazos por las calles de San Sebastián y Madrid para llamar la atención sobre la enfermedad. Lo mismo se repitió en Ourense, con la participación de algunos de los asistentes. Después llegó la música y la reivindicación: «O único que pedimos é que nos deixen facer o noso traballo. Querémolo facer e sabémolo realizar».