CANTONES | O |

07 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

NO siento que lo seamos aunque sí que lo soy. Propongo un ejercicio rápido y fácil de comprender. Basta mirar por encima las páginas de los periódicos para darse cuenta. Las fotografías que allí aparecen son el termómetro de la igualdad, porque en ellas se muestran a los que consideramos protagonistas del día. En política, hombres; en deportes, hombres; en marítima, hombres; en judicial hombres; en internacional, hombres. Cuando un día en todas las páginas de deportes se vean fotografías de mujeres y ninguna de hombres y eso no suponga ningún asombro para el lector, entonces creeré que somos iguales. Ayer mismo, ¿cuántas mujeres protagonizaron aunque fuera un breve deportivo en alguno de los periódicos? Me niego a creer que las españolas o las ourensanas no hacen deporte. Seguro que ellas, las deportistas, se sienten iguales, pero no lo son. Hoy y mañana la mujer abrirá alguna que otra página informativa. Seguramente será protagonista de los actos más importantes de la jornada. Pero todo lo que ocurra hoy será, como dice un famoso mago, «fruto de nuestra imaginación». El jurado de los premios transfronterizos a la excelencia empresarial, los miembros del patronato Curros Enríquez, los delegados provinciales, los miembros de la Comisión cidadá Banco de España para a cultura, la junta directiva del colegio de médicos, la asociación de empresarios, las autoridades invitadas, por ejemplo, a Xantar. Contemos los hombres y las mujeres que de alguna manera pertenecen a alguna de estas instituciones, entidades o asociaciones. Hagamos dos montones. Pongámonos en una balanza. Cada uno a un lado. Veamos hacia donde se tuerce. Es normal. Y no creo que seamos iguales en la diferencia, porque tampoco todos los hombres son iguales ni tampoco somos iguales todas las mujeres. ¿Iguales a qué?