DE REOJO | O |
06 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.MI MADRE llamó el lunes al teletaxi. Y vino un taxi. ¡Milagro! ¿Cómo es posible que estuviera funcionando el servicio si el alcalde de estreno no iba a estrenarlo hasta el martes? Luego me di cuenta de que, efectivamente, los taxis ourensanos llevan un mes teletransportándose. Y me di cuenta de que, en realidad, Enrique Nóvoa tiene que aprovechar los meses de exposición pública que Manuel Cabezas le ha regalado con su marcha. Si sale en muchas fotos, se ahorrará carteles electorales. O no. Increíble pero cierto, lo de subirse al carro se ha quedado antiguo. Lo que ahora se lleva es subirse al taxi. El «queda inaugurado este pantano» sigue funcionando y les encanta a todos. A todos los políticos, quiero decir. Porque (no se froten las manos todavía) aquí hay para todos. Al alcalde le pasa lo mismo que al delegado de Vicepresidencia, Chema Ferreiro. Mucho criticaban desde la oposición los alardes de los populares y ahora el representante de Quintana en la (su) tierra manda faxes para anunciar su presencia en todo tipo de actos. El último, para comunicar que estaría en una concentración en repulsa del primer crimen mortal relacionado con la violencia doméstica del 2007. Podría haber enviado una convocatoria animando a todos los ourensanos a sumarse a la condena. Podría haberlo hecho pero quizás pensó que él sólo se bastaba. Ojalá. A lo mejor el problema es que sigo pensando que la recta es la línea más corta entre dos puntos. A lo mejor el problema es que, en el fondo, soy una inocente. Recuerdo que hace año y medio una compañera entrevistó a Pepe Carballido, recién nombrado director xeral, y este le dijo: «Para estar cerca da xente, que é o que nós queremos, non fai falta estar en miles de paparotas». Y yo, que en el fondo soy un poco tonta, fui y me lo creí. Santiña.