En dos minutos | Chelo Nogueira Enciso
03 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?l Comité Nacional de Unicef nombró el pasado día 1 a la jefa del servicio de psiquiatría infantil del Chou como nueva presidenta de la delegación ourensana, en sustitución de Ángeles Carballo. El comité valoró no sólo su colaboración con la entidad, sino el contacto diario de Chelo Nogueira Enciso con la problemática infantil. -¿Qué objetivos se plantea para esta nueva trayectoria? -Me gustaría poder continuar con la magnífica labor que ha realizado Ángeles durante todos estos años, acercando la realidad Unicef a la sociedad ourensana, aunque he de decir que ha dejado el listón muy alto. En cuanto a objetivos concretos, me gustaría que consiguiéramos llegar a los mil socios en la provincia. Ahora mismo somos algo más de ochocientos pero creo que Ourense puede alcanzar esa cifra porque ochenta euros al año tampoco es una cantidad inalcanzable para la mayoría de los ciudadanos. -¿Se lo tuvo que pensar mucho para aceptar? -Sí es cierto que cuando me lo plantearon pedí un tiempo para pensármelo, porque me parecía una gran responsabilidad y, sobre todo que cuando aceptas algo así has de ser consciente de que vas a tener que dedicarle tiempo. Pero tampoco necesité demasiado para decidirme, porque afortunadamente tengo a mis hijos criados y un horario laboral que me deja las tardes libres, así que a lo único que tengo que renunciar es a disponer de más tiempo libre para mí. Pero creo que merece la pena. -¿Cree que su experiencia profesional le servirá para el cargo? -Espero que sí. Está claro que la problemática de los niños de países del tercer mundo y los de aquí es distinta. Pero también aquí hay muchos niños que sufren y necesitan protección. Allí el problema son las necesidades más básicas, la alimentación, la sanidad, la educación... Pero también es verdad que un niño de África de una piedra hace un camión y es feliz. Aquí puede tener hasta una play-station, pero ser un eterno insatisfecho. Los problemas son distintos, pero también existen, y también reciben maltrato, físico y psicológico, y tienen otros problemas afectivos y sociales que no aparecen en los países más pobres.