DE REOJO | O |
31 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.GALICIA es noticia pocas veces, a nivel nacional, Ourense todavía menos. Somos una esquina de la esquina. Quedamos lejos. Sólo asomamos la cabeza a la tele -tímidos, hasta acomplejados- cuando nos quemamos. O cuando escribimos la crónica de sucesos. Con Roberto Vila hemos sido, de nuevo, mala noticia. Pero también buena. Porque fue terrible enterarse de que este joven ourensano había sido secuestrado en la franja de Gaza cuando cumplía con la misión, humana y humanitaria, que le ha llevado hasta allí. Porque es genial saber que alguien se está ocupando de hacer un mundo mejor mientras los demás seguimos sentados en nuestra cómoda vida. Porque fue preocupante comprobar como un conflicto que nos queda a miles de kilómetros puede, de repente, tener consecuencias en nuestra íntima y pequeña ciudad. Porque conocer la historia de Roberto es conocer a la vez la de los niños discapacitados a los que atiende la Asamblea Internacional por la Paz en ese trocito del mundo. Porque la angustia, la de los suyos, podía haber durado más de ocho horas. Porque Roberto lleva tres años años luchando por los derechos humanos. Porque el susto no se lo quita nadie, aunque él estuviera tranquilo. Porque la historia acabó bien, porque él hasta entiende a sus captores. Así, con el mal trago de la mala noticia y con el buen sabor de boca de la buena noticia, Ourense asoma la cabeza y se deja ver. Sin complejos. Por una vez no es por los montes quemados, por el incendiario sin escrúpulos, por el asesinato, por el asesino, por la desaparición, por el desaparecido... Por una vez es porque alguien -uno de los nuestros al fin y al cabo- está haciendo algo que merece la pena. Alguien que tiene principios y que sabe llevarlos hasta el final.