CONTRAPUNTO JOSÉ MANUEL RUBÍN | O |
07 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LA presentación de Enrique Nóvoa (¡qué gran candidato si tuviese gran partido!) como aspirante del PP a la alcaldía de Ourense dejó algo más que la foto de Baltar levantando en brazos al hombre que tiene sobre sus espaldas la difícil tarea de renovar tres mayorías absolutas. Lo más llamativo fue la frialdad, la indiferencia y el desdén que el presidente del PP mostró hacia Cabezas, el hombre que, con sus repetidos éxitos en la capital, contribuyó a la mayor gloria de Baltar en la política galaica. El ex alcalde de Nogueira de Ramuín no tuvo para Cabezas ni la protocolaria frase de agradecimiento de los servicios prestados durante el mitin del pasado jueves. Más bien todo lo contrario. En el auditorio, delante de centenares de simpatizantes (que aplaudieron la frase de Poli Nóvoa, «vou relevar ó mellor alcalde que tivo a nosa cidade en toda a historia»), no sólo ignoró al todavía alcalde sino que le lanzó una descalificación directa al reconocer que «nunca me sentín tan orgulloso coma hoxe coa elección do candidato». Todos los oradores (Esperanza Aguirre, Núñez Feijoo y Enrique Nóvoa) reconocieron la labor de Cabezas al que dedicaron cálidas palabras en sus intervenciones. ¿Por qué no lo hizo Baltar? ¿A quién quería agradar con su silencio? ¿Quién tiene rehén, y por qué razón, a Baltar para que éste lidere una cruzada contra el regidor? Bien es verdad que el presidente del PP es especialista en abandonar lealtades políticas y personales (léase Victorino Núñez, Pérez Vidal, Alberto Núñez, Inmaculada Rodríguez...), pero esa pulsión genética no parece suficiente para justificar el bofetón dado a Cabezas en una capital que, por decisión soberana de sus ciudadanos, le había otorgado tres mayorías absolutas. Ignorar esta realidad, como hizo Baltar, es sinónimo, como mínimo, de torpeza política y prepotencia personal. Mal bagaje para encarar la campaña electoral.