Testimonio | Los afectados Dos clientes de la celebración ofrecida por un céntrico local de la capital relatan la nefasta organización del evento y los malos modos con los que fueron tratados por los empleados
02 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?Entramos una hora más tarde de lo previsto, no vimos por ningún lado los canapés que anunciaban en las entradas, tardamos más de una hora en pedir la bebida porque no había hielo ni vasos limpios y nuestros abrigos estaban tirados por el suelo en cajas de cartón». Y todo por el precio de 35 euros por persona. Dos jóvenes que acudieron en la madrugada del pasado 1 de enero a la fiesta de Fin de Año organizada por el local Central Park de la capital ourensana recordaban ayer en estos términos lo que vivieron en aquellas horas. Aseguran que la celebración fue todo un desastre de organización y esta misma mañana, junto con otras noventa personas afectadas, van a presentar en Consumo una reclamación por lo que consideran un fraude. «Había dos empleados por cada barra y no daban abasto. Las bebidas no llegaban y ellos ni siquiera se paraban a servirnos, nos daban las botellas porque no podían más», asegura uno de los afectados que hoy acudirá a formalizar su queja. Y lo peor llegó para muchos a la hora de recoger su abrigo en el anunciado guardarropa. «La cola era larguísima y había que estar casi una hora para que te atendieran. Después nos dimos cuenta del descontrol. Los empleados tardaban mucho tiempo en encontrar el abrigo y en muchos casos lo devolvían sin los objetos personales que llevaban dentro», asegura una de las afectadas que ha denunciado en la Comisaría de Policía la pérdida de varios objetos que desaparecieron de su abrigo después de que en el establecimiento no quisieran responsabilizarse del asunto. «En cuanto se los reclamé a la empresa me dijeron que no era asunto de ellos, así que fui a denunciar». A medida que se iban incrementando las quejas de los clientes llegaron también los insultos y malos modos por parte de los empleados del local. «A mí me cogieron con fuerza por el brazo y me echaron a la calle», cuenta una de las clientas.