DIAGONAL | O |
22 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.PIRÓMANOS, dice el conselleiro de Medio Rural. Yo no lo creo. A lo mejor es que quería decir otra cosa, le salió así y tal cual lo ha recogido la prensa. No son pirómanos. No puede ser que haya tanto enfermo, tanto tarado con «tendencia patológica a la provocación de incendios», como se define la piromanía. Vale que la semántica sea secundaria, como los gestos, que lo importante sea acabar con los incendios y detener, si es posible, a los autores. Según se ve, no es fácil. Caen a cuentagotas. La vida, por el contrario, se consume con una facilidad dolorosamente pasmosa. Es cruel. Duele la impotencia. Saber que poco más se puede hacer que acordarse de la madre que los parió. Dicen que hoy se reunirá el comité de coordinación. Tarde. Vale que al nuevo gobierno le haya pillado a contrapie esta guerra, sin declaración previa y con una virulencia desconocida, pero por mucho menos hemos visto a partidos y sindicatos pedir ceses y dimisiones. Que, por cierto, alguien me puede explicar qué sentido tienen las bombas de palenque, anunciando fiestas, y romerías varias, cuando la provincia arde por sus cuatro costados. Es, si no incoherente o insolidario, algo muy subjetivo, una irresponsabilidad manifiesta. Tan flagrante como censurable.