Crónica | Inauguración de un colegio dos meses después La puesta de largo de un centro educativo reunió en la capital ourensana a la mayor parte de los cargos políticos del PP en la provincia, deseosos de saludar a Manuel Fraga
16 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?ás que la inauguración de un centro educativo, lo que sucedió ayer por la tarde en el colegio Irmáns Villar de la capital ourensana fue un acto de adhesión inquebrantable. La anunciada presencia del presidente de la Xunta, Manuel Fraga y del conselleiro de Educación, Celso Currás, hacía prever que más que alumnos y profesores -que también los hubo- la aparición de cargos del PP sería importante. Como era de esperar, la militancia no decepcionó. Aunque la inauguración oficial no suponía demasiada novedad -lleva operativo dos meses- casi todos los cargos políticos acudieron con la intención de saludar al presidente de la Xunta. Minutos antes de las seis de la tarde, hora a la que estaba previsto el inicio del acto, ya habían llegado todos, incluido el presidente de la Diputación, José Luis Baltar, quien no se despegó de Fraga desde que éste se bajó de su coche oficial, a la hora prevista. Comenzaba entonces una sucesión de saludos que fueron calentando un ambiente popular que subió varios grados cuando apareció ante la vista de todos, a pocos metros de la entrada del colegio, un enorme cartel, realizado por los escolares, con un revelador mensaje: ¡Gracias Fraga! Bautismo Tras la breve ceremonia de bautismo, oficiada por el obispo Luis Quinteiro, la directora del colegio, Emilia Fraga, comenzó la ronda de discursos destacando la importancia de la construcción de un colegio que ya puede ofrecer a cerca de 300 escolares los servicios educativos que necesitan. El alcalde Manuel Cabezas destacó durante su intervención las dificultades a las que hubo que hacer frente para poder lograr los terrenos en los que hoy el Irmáns Villar ya es una realidad. Manuel Fraga, por último, recordó a los presentes la preocupación de su gobierno por atender las demandas educativas, cifrando esta preocupación en una inversión de más de 25 millones de euros. Todo halagos para una obra que, a pesar de todo, ha llegado a Ourense doce años después de que fuera demandada. Quizás por eso, lo de ayer también sirvió para zanjar muchos años de críticas y de demandas ciudadanas.