Así se vive un fin de año con disfagia: «No me tomo las uvas y mezclo la bebida con espesante»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

XOÁN CARLOS GIL

Fernando tuvo una hemiplejia a raíz de una operación hace casi 20 años y desde entonces ha convivido con una dificultad para tragar que se agravó en el 2023, cuando sufrió un ictus

02 ene 2026 . Actualizado a las 09:41 h.

Si algo caracteriza las fiestas son las cenas de Navidad y Fin de Año, con su picoteo de embutidos y quesos, sus abundantes platos de marisco, patatas, pescados o carne —o por qué no, ambas—, bebidas diversas y su sobremesa larga, atiborrada de turrones, panettone, frutos secos después del postre. Incluso para quienes pueden disfrutar con plena libertad del banquete, la cantidad de comida puede imponer. Ni que hablar en el caso de aquellos que tienen alguna dificultad a la hora de comer, como le ocurre a Fernando. Tiene 52 años —«como digo yo, 25 al revés», comenta al pasar, dejando entrever una personalidad implacablemente optimista—. Y lleva cerca de dos décadas viviendo con disfagia, una condición caracterizada por la dificultad para tragar alimentos, líquidos o incluso, en determinados casos, la propia saliva. ¿Tomar las uvas a las 12? «Teóricamente, podría, si fuesen sin pepitas y peladas, pero no vale la pena el riesgo que suponen para la felicidad que supuestamente generan», asegura.

Su historia comenzó hace 19 años. A los 33, le encontraron dos bultos alojados en el cerebelo. «Los médicos dijeron que había que extirparlos fueran o no benignos, porque si aumentaban de tamaño podían provocarme un problema. Siempre trato de ver las cosas por el lado positivo. Los tumores fueron benignos y no tuve cáncer. Pero esa operación tenía un riesgo y se hizo realidad», explica Fernando. Tras la intervención, sufrió una hemorragia cerebral posoperatoria que le causó una hemiplejia en el lado derecho. «Como resultado, se me produjo una disfagia tan grave que no tragaba ni mi saliva», recuerda.

Fernando afrontó la situación con aplomo y se volcó de lleno a la rehabilitación. «Al cabo de cinco años, conseguí solucionar gran parte de mis problemas con una médico que me había recomendado una fisioterapeuta aquí en Vigo. Había recuperado bastante funcionalidad en todos los aspectos y luego, hace dos años, tuve un ictus», cuenta. «La verdad es que los médicos no han sabido explicar por qué. No tengo ninguno de todos los factores de riesgo relacionados con ello: soy delgado, me mantengo haciendo deporte a menudo, no fumo, no bebo ni consumo drogas», señala Fernando.

Aunque su optimismo férreo se ha mantenido a lo largo de todos estos procesos, reconoce que no ha sido fácil. «Como consecuencia del ictus tuve una hemiplejia del lado izquierdo para acabar de complicarme. Esto me generó bastantes problemas y uno de ellos es el deglutorio», explica. Esto significa, otra vez, dificultad para tragar. De vuelta en la casilla de salida.

Tratamientos

En esta segunda ocasión, Fernando consiguió nuevamente salir adelante en gran medida gracias a la rehabilitación, que se desarrolla en diferentes etapas. «Siguiendo las pautas para tratar la disfagia habitual, te hacen un estudio en el hospital en el que comprueban si puedes tragar bien. Vieron que yo no podía y me pusieron una sonda gástrica para alimentarme. En una segunda fase, en función de cómo te ven, te dan un tratamiento. Fruto de ese tratamiento, empecé a comer más y a beber con espesante. Así salí del hospital sin la sonda, hace aproximadamente un año. Y he ido mejorando desde entonces. Como casi de todo y bebo con espesante, pero con menos cantidad que al principio», cuenta.

Para llegar a poder comer una gran variedad de alimentos, ha sido clave el apoyo de la logopedia. «Me ha ayudado muchísimo. Actualmente puedo acceder a casi todos los alimentos y solamente como un poco más lento. Cuando como algo que se desmiga mucho, puedo tener tos y a veces necesito hacer una maniobra que me han enseñado, que consiste en girar la cabeza para que la zona menos afectada trabaje más. Pero poco a poco, estoy consiguiendo alimentarme más rápido, no como una persona normal, pero casi», detalla. «A veces, esto de hecho es más sano, porque comes más lento y así se digiere mejor», añade, viendo siempre algo positivo en cada dificultad. 

Las fiestas con disfagia

Tras superar diferentes etapas de rehabilitación, Fernando no se priva de cenar en familia el 31 de diciembre. «Uno de los aspectos más importantes de la vida social es comer y beber con tus amigos. Si no pudiera comer ni beber nada, sería muy duro. Pero cuando te puedes integrar con la gente, estás mucho más a gusto», asegura.

Claro que participar de la tradición supone, para él, modificarla. Estas costumbres, que unen a las personas en ciertas fechas y simbolizan el paso de un año al siguiente, no sirven de nada si no se adaptan a las circunstancias y las necesidades de cada individuo. «El problema de las uvas es que al morderlas sueltan líquido y no podría tragarlo. La textura hace que sea un alimento arriesgado para mí y prefiero no forzar. Pero fuera de eso, ceno en familia igual que todo el mundo, con total normalidad. Como las uvas tampoco son algo que me vuelva loco, mejor lo dejo estar. No creo que sea algo que me limite tanto. Podría reemplazarlas, podría comerme trocitos de queso o de chocolate pequeños, que sean más fáciles de tomar. Pero no es algo tan importante para mí», asegura. Tampoco puede consumir frutos secos ni arroz, por el riesgo de atragantamiento y asfixia que implican.

Las bebidas son un caso aparte. «Me limita un poco, porque tienen que ser bebidas no carbonatadas, ya que se mezclan mejor con el espesante que les tengo que poner para que no sean líquidas del todo», señala. Este Fin de Año el brindis será, para él, sin espumante, algo que por otro lado también es más sano. Es su manera, figurativa y literal, de decir: «Salud».

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.